BESSENT AUMENTA LAS PROBABILIDADES DE DEFAULT DE LA ARGENTINA, PERO EXISTE UNA SALIDA ALTERNATIVA

por Delfina Rossi

En octubre, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, confirmó un swap de 20 mil millones de dólares con Argentina, con posibilidad de ampliarlo a 40 mil millones. Desde la Casa Blanca, la medida se presentó como un gesto de “confianza”. Pero detrás de la retórica del apoyo financiero se esconde la vieja receta: endeudar el país para sostener un tipo de cambio artificial y una economía subordinada a los flujos de capital. En lugar de resolver la escasez estructural de divisas, el acuerdo patea el problema hacia adelante y refuerza la dependencia.

En los hechos, el programa actual reproduce un ciclo conocido que podríamos llamar “MADA: Make Argentina Default Again”, “hacer a la Argentina defaultear de nuevo”. Una sucesión de rescates, dolarización de pasivos y políticas de austeridad que, lejos de estabilizar, preparan las condiciones del próximo default.

Argentina vive atrapada en una dominancia externa que se consolida en la forma de una economía bimonetaria donde la desconfianza en la moneda nacional con una estructura económica financiarizada, hace que las variaciones en el tipo de cambio sean extremadamente sensibles a cualquier incertidumbre política o económica. Cada shock —una caída en los precios de exportación, una suba de tasas internacionales o una crisis política— desata fuga de capitales y devaluaciones.

Y esta dolarización se acelera en realidad cuando los actores económicos se anotician de lo impagable que se ha vuelto el actual calendario de vencimientos de deuda en moneda extranjera confirma la fragilidad del esquema: entre 2025 y 2027 los pagos en dólares superan los USD 44.000 millones (FMI, organismos, bonos soberanos, Club de París, repos y Bopreales). Si se extiende hasta 2031, ascienden a más de USD 140.000 millones, con un servicio anual promedio superior a USD 20.000 millones. Un 35% corresponde al FMI, 40% a tenedores privados y el resto a organismos multilaterales.

Este abultado perfil de deuda, sumado a un tipo de cambio atrasado, apertura total al movimiento de capitales y reservas netas negativas (–USD 9.400 millones), deja al país en una situación crítica. Pese al respaldo financiero de Estados Unidos, el riesgo país permanece por encima de los 1.000 puntos básicos —alcanzando un pico de 1.456 pb el 22 de septiembre—, reflejo de la desconfianza persistente del mercado.

El esquema necesita dólares para sobrevivir: para pagar deuda, sostener reservas y contener el tipo de cambio. Por eso el gobierno vuelve a apostar al endeudamiento externo, esta vez con el swap de 20 mil millones de dólares con el Tesoro estadounidense. Sin embargo, más deuda no resuelve la economía bimonetaria: la profundiza.

El modelo de la motosierra solo funciona mientras sigan entrando dólares nuevos. Cuando esos flujos se detienen, la recesión, la inflación y el endeudamiento se retroalimentan. Desde 2023, el peso perdió nuevamente poder adquisitivo, la deuda pública se disparó y la política cambiaria —dólar bajo y tasas altas— favoreció al capital financiero en detrimento del sector productivo. El Tesoro necesita deuda para pagar deuda, y el Banco Central, dólares para sostener el tipo de cambio. En ese marco, el acuerdo con Bessent no soluciona nada estructural: apenas compra tiempo a costa del futuro, al precio de profundizar la dependencia y postergar la crisis.

Argentina puede romper ese ciclo con una estrategia integral de desdolarización soberana, que combine política macroeconómica, regulación financiera y desarrollo productivo. No hay salida sin soberanía económica, justicia social e integración regional. Ese camino exige al menos seis pilares concretos:

  1. Reestructurar la deuda con el FMI. El Fondo debe asumir su responsabilidad en el fracaso del acuerdo de 2018 y aceptar una quita sobre intereses y capital. Argentina solo debería pagar lo correspondiente a su cuota y al límite acumulativo en condiciones normales —equivalente a cerca del 435 % de la cuota (≈ USD 23.000 millones)— sin seguir transfiriendo recursos que perpetúan la dependencia.

  2. Evitar usar fondos externos para sostener la fuga. El dinero del Tesoro estadounidense no debe financiar compras de bonos ni ofrecer dólares baratos a los sectores concentrados. Mantener un peso competitivo es clave para el desarrollo industrial.

  3. Combatir la evasión y repatriar capitales. EE.UU. debe comprometerse a controlar los flujos ilícitos y el lavado que permiten a los ricos argentinos dolarizar sus ahorros fuera del país. La prioridad no es endeudarse más, sino recuperar lo que se fugó.

  4. Aprovechar la inversión china con transparencia. No se trata de prohibir, sino de integrar bajo estándares de cooperación hemisférica y obtener  beneficios mutuos.

  5. Construir una cooperación productiva con EE.UU. Se necesita un programa que promueva tecnología, comercio y transferencia de conocimiento en energía, litio, gas y digitalización, reduciendo aranceles y fortaleciendo las cadenas de valor regionales.

  6. Impulsar el Mercosur. Una integración financiera regional podría ser el primer paso para superar la enfermedad del dólar y fortalecer el desarrollo brasileño y sudamericano. Argentina necesita inversión y acceso a nuevos mercados, pero desde la soberanía, poniendo siempre en primer lugar a su pueblo.

Ninguna política será sostenible sin reconstruir la confianza en la moneda nacional. Eso no se logra con discursos, sino con instituciones estables, crédito accesible y salarios que crezcan con la productividad

Articulo basado en una nota publicada en https://jacobin.com/2025/10/trump-argentina-milei-default-bailout