EL 17. ÉPICA, TÉCNICA Y REALISMO EN EL IMAGINARIO PERONISTA

por María Mercedes Prol

A lo largo de su función pública Juan Domingo Perón reflexionó sobre las formas de hacer política que debían implementar los funcionarios peronistas en el Estado, y los cuadros dirigentes junto con las bases, en el movimiento peronista. El libro que más se cita sobre ese segmento del pensamiento del general es Conducción Política, y resalta la clásica edición que confeccionó la Escuela Superior Peronista. Ese tema  encuentra desarrollo también en la Doctrina Justicialista, acompañado de otros objetos. Pero lxs historiadorxs conocen poco sobre el mismo. Perón contagió con sus ideas y su ímpetu reformista a funcionarios y legisladores del Partido Peronista, quienes, al mismo tiempo, lo nutrieron de instrumentos para encarar desde 1946 una  reforma del Estado de cara a las necesidades de aquel presente.

            Fue tal la repercusión de esa dimensión de la política del primer peronismo que en noviembre de 1951, el Ministerio de Asuntos Técnicos de la Nación, Raúl Mendé, recibió dos memorándum de carácter confidencial escritos por un eclesiástico, el M.R.P. Félix A. Morlion O. P., quien decía ser Rector Magnífico de la Universite International de la Fundación Intercontinental de Realismo Social, llamada, también, Pro Deo. El centro de la actividad de Morlion estaba en Roma, por su condición de cuna de la civilización occidental y de la tradición cristiana, como explicó en su escrito. Su misión era  privada, no eclesiástica, quería sumar a la Argentina en el proyecto de formación de un anticominforn técnico que debía comenzar a funcionar en marzo de 1952, en el que ya estaban comprometidos Italia y Brasil. Le interesaba conocer la coordinación de la doctrina y la práctica del justicialismo,  que podía ser inscripta, según sus ideas, en una corriente que denominaba realismo social. La doctrina justicialista presentaba un conjunto de referencias sociales y políticas capaces de funcionar como alternativa a aquellas que configuraban el mito de la utopía comunista, para superar el atractivo que el comunismo ejercía en las masas trabajadoras. Los dirigentes peronistas habían puesto mucho cuidado en los aspectos técnicos de la implementación de la doctrina,  Morlion quería que técnicos en propaganda y sindicalistas viajen con él a Roma.[1]

No se conoce con certeza si Mendé respondió al pedido de Morlion, la respuesta del legajo del ministerio parece indicar que no. No obstante, este documento muestra un imaginario de época, aquello que se denominó la era de la organización, la gran empresa de la política de masas, la creencia compartida en la eficacia de sus técnicas sociales y la fe en el individuo moldeable como parte de un grupo amplio. Más allá de lo que este observador extranjero católico creyó encontrar en el justicialismo, Juan Perón y los dirigentes del Partido Peronista  hicieron lo posible por dar a conocer formas novedosas de hacer política. Ese imaginario se labró desde antes de la existencia del peronismo como tal, es posible decir desde el primer día de la Revolución del 4 de junio de 1943. Fue una preocupación que Perón compartió con sus camaradas de armas del Grupo de Oficiales Unidos, así crearon la Secretaría de Trabajo y Previsión, la Subsecretaría de Informaciones y Prensa, la Secretaría de la Presidencia, entre otras dependencias. Con el objetivo de ramificar las agencias del Estado Nacional hacia los estados provinciales, desde 1949 se sancionaron varias leyes de ministerios, se propiciaron reuniones con los gobernadores, al menos una vez por año desde 1950, Perón conferenciaba con ellos para marcar planes de acciones de carácter nacional. El esquema se repitió en diferentes incumbencias del Poder Ejecutivo. En el partido, se creó la Escuela Superior Peronista, con sus materias, una de esas materias se denominaba Organización. Se basaron en saberes desarrollados en la entreguerra, la reflexión persiguió un objetivo: el gobierno tenía que modernizar la política, adecuarla a  la gestión, ponerla a tono con las diversas necesidades de aquel presente de segunda posguerra y de la guerra fría, con la planificación económica, por ejemplo, o con el reconocimiento de nuevos sujetos colectivos, el crecimiento industrial soberano, la confección de políticas sociales extensivas e inclusivas, etc.

Sabemos que en los modos de pensar la acción política de los actores del movimiento no pervivió únicamente ese imaginario modernizador, y en estos momentos cabe preguntarse qué le legaron al mismo  las movilizaciones populares del 17 y 18 de octubre de 1945. En otras palabras, qué tipo de gramática le incorporó el 17 a ese imaginario nacido desde la Revolución de junio de 1943. Se puede decir que los acontecimientos del 17 le legaron una épica al peronismo, le dieron al movimiento que surgía el carácter de gesta: los trabajadores fueron al rescate del militar de la Revolución que los había reconocido, había armado decretos- leyes laborales y sociales con ellos. A partir de ese rescate defendieron derechos y lo reinsertaron en la política nuevamente.  El paso siguiente fue la formación del Partido Laborista.

El 17 tuvo su particularidad, introdujo como novedad a los sujetos beneficiarios de la política global de la Secretaría de Trabajo y Previsión, se hicieron visibles, los trabajadores hablaron colectivamente, en Berisso, Ensenada, Avellaneda, La Plata, en las áreas del norte del gran Buenos Aires. No obstante, si revisamos el contenido épico se puede decir que este fue parte de una secuencia.  ¿Cuál fue esa secuencia?, Mark Healey sostiene que el terremoto de San Juan, acontencido en enero de 1944, fue un momento en el que operó un discurso de épica, por parte del gobierno y de las figuras que trabajaron con el gobierno para ayudar a las víctimas y reconstruir San Juan. Perón tuvo una acción activa en obtener fondos y posicionar a la Secretaría de Trabajo y Previsión, luego el Estado comenzó la reconstrucción. También trabajó en el territorio la Subsecretaría de Salud,y el Ministerio de Obras Públicas. Allí el entonces Secretario de Trabajo recibió las primeras críticas, quienes se prefiguraban como sus opositores lo acusaron de quedarse con parte de la colecta.[2]

El otro hecho clave ocurrió ese mismo año, en el mes de noviembre. Salió a escena una publicación titulada El pueblo quiere saber de qué se trata, que tuvo a Manuel Gálvez como autor. En El Pueblo... se compilaron los discursos que Perón dio entre octubre de 1943, cuando creó la Secretaría de Trabajo y Previsión, y noviembre de 1944. Gálvez decía que el Coronel Perón era el nuevo Hipólito Yrigoyen, trabajaba un poco más que Yrigoyen, era mas sistemático, poseía el don de la palabra porque era militar, y  era un hombre provindencial. En ese libro incluyó el discurso que Perón dio en Rosario en julio de 1944. El Coronel visitó Rosario dos veces, no fueron las únicas, pero sí las primeras visitas, lo hizo en diciembre de 1943 y en julio de 1944, la segunda vez dijo que los trabajadores rosarinos le dieron el título de Primer Trabajador Argentino. Inauguró el policlínico ferroviario, fue a la Empresa Municipal de Transporte, dialogó con los dirigentes de la Unión Tranviaria Automotor y luego asistió a una concentración en el estadio de Newell’s old Boys. Con el título del libro, Gálvez quiso mostrar que hubo una espectativa popular frente a ese liderazgo, y le dio una dimensión similar, conforme a sus expresiones, a la surgida en  mayo de 1810.

Como se conoce, el 17 de octubre fue producto del conflictivo año 1945, no fue sólo el rescate de Perón, fue una respuesta a la ofensiva patronal de junio y septiembre, a la inexistencia de reconocimiento de las transformaciones sociales por parte de partidos políticos anquilosados que pedían democracia a secas y no democracia social, a la inercia de la Corte Suprema de Justicia, al carácter refractario de un sector de la elite militar, todas estas fueron resistencias tradicionales frente a la nueva Argentina que estaba asomando. En ese 17 la épica global de la revolución nacional, que se visualizó en el terremoto, se concentró en la figura Perón. También fue el punto de partida del antiperonismo.

El peronismo interpretó de diversas maneras al 17. Una de esas interpretaciones estuvo a cargo de Eva Perón, la desarrolló en sus cursos de Historia del Peronismo, dictados en la Escuela Superior Peronista, a la que mencionamos más arriba. En Historia del Peronismo, Evita ponderó el carácter épico, la gesta, el heroismo de la acción popular en el rescate de Perón. Para ella, se trató de un momento en el que dialécticamente el pueblo se constituyó como tal y transformó a Perón en Perón. En sus apuntes de clase expresó también que, a diferencia de la Revolución Francesa, la dialéctica del 17 dio paso a la organización y la eficiencia, para ella ambas acciones se visualizaban en la dinámica del movimiento y en el Estado. De ese modo, con un lenguaje particular, con referencias a la historia, por medio del “estilo Evita”, articuló sintéticamente épica, técnica y modernización en el imaginario peronista.


[1]Legajo 483. Ministerio de Asuntos Técnicos de la Nación. Archivo General de la Nación.

[2]Healey, Mark, El peronismo entre las ruinas, Buenos Aires, Siglo XXI, 2012.