EL TABLERO ESTRATÉGICO DEL ATLÁNTICO SUR[1]
por Sergio Gabriel Eissa[2]
Presentación y herramientas analíticas
El pasado miércoles 26 de noviembre del corriente año, tuve la oportunidad de dar una clase magistral sobre la base el libro “El triángulo Estratégico del Atlántico Sur. Una mirada argentina (2008-2022)” que escribimos junto a la colega Araceli Diaz (UBA/UNTREF/UNSAM) en la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario. El evento fue organizado por la Dra. Emilse Calderón (UNR), directora del Grupo de Estudios “Seguridad Internacional y Política de Defensa Argentina”, Profesora de la materia “Seguridad Internacional Latinoamericana” y del Curso del Programa de la Universidad Nacional de Rosario para Adultos Mayores “El rol de los Estados miembros de los BRICS en las principales mesas de negociación multilateral” Así, que, gracias a la iniciativa de la profesora, la clase fue numerosa contando con la presencia de todas y todos ellos.
El libro, además de la introducción, se organiza en seis (6) capítulos. El primero de ellos presenta las herramientas analíticas utilizadas para estudiar las dinámicas del Atlántico Sur y el resto se aboca a estudias los documentos estratégicos de las grandes potencias y de los países regionales que tiene intereses en el Atlántico Sur, aunque en el caso africano, limitándonos a Sudáfrica. Por su parte, los capítulos 4 y 5 analizan las políticas de hard power (militar y económica); mientras que el sexto se enfoca en las políticas de soft power de los países abordados previamente.-
Como decía al principio, la clase tuvo como marco de referencia el libro, pero no en un recorrido extenso del mismo, en tanto que se me centré puntualmente en los aspectos de hard power militar. A partir de ello, y en tanto la obra estudia el período 2008 a 2022, m)e pareció interesante incorporar algunas dinámicas y hallazgos más recientes.
La clase se inició con la presentación de tres conceptos que considero importantes. El primero de ellos se enfoca en el de “amenaza”. En este punto seguí la argumentación de Luis Saint-Pierre y sostuve que la amenaza no es lo que se manifiesta (un arma, un avión), sino que es una construcción social entre lo que se manifiesta y el sujeto (persona, Estado) que lo percibe. De esta manera, que un país vecino compre aviones no necesariamente representa una amenaza; depende de otros factores como la hipótesis de conflicto, el despliegue, doctrina de empleo, presupuesto, entre otros. De la misma manera, y siguiendo esta línea de argumentación, sostuve que los veinticuatro F-16 que adquirió argentina no representan una amenaza para el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte (en adelante, Reino Unido) porque tiene una restricción política, impuesta por Estados Unidos y acordada con el Reino Unido para no operar/adiestrarse en el Atlántico Sur, y por restricciones logísticas y presupuestarias de nuestro país. En el mismo sentido, los Stryker B126 tampoco constituyen una amenaza para nadie porque no es anfibio, es decir, no puede vadear nuestros ríos, no puede operar en alta montaña y, además, se compró el modelo M1126 ICV (batea plana y paragolpe angosto) que en Irak se ganó el apodo de “ataúdes de kevlar”.[3]
En segundo lugar, sostuve que la política de defensa[4], entendida como las acciones y medidas tomadas por un Estado para garantizar su supervivencia frente amenazas militares externas, es una política pública que, como la política exterior, se despliega principalmente en su dimensión estratégica[5], principalmente, en el escenario internacional. En tanto política pública, debe tenerse en cuenta la fase de la implementación porque la burocracia militar es la que implementa la política de defensa en esta dimensión y la mediatiza[6], y, en consecuencia, no todas las políticas públicas se implementan: a) una política pública se puede decidir, diseñar e implementar; b) decidir, diseñar y no implementar; c) no decidir, no diseñar y no implementar; d) no diseñar y si implementar. El libro se focaliza en el primer caso y en el cuarto. En consecuencia, cuando se investiga una política de defensa hay que tener presente que una política esbozada en los documentos estratégicos no necesariamente se implementa o, al revés, puede existir una política de defensa (hard power y soft power) sin respaldo normativo público o se implementa antes de que se respalde en una norma. En otras palabras, los documentos pueden ser reservados o la “solución” implementada surge antes que la decisión y mas aún en estos temas. Por tal motivo, hay que triangular la información de los documentos, las políticas efectivamente implementadas y los discursos de los actores políticos.
En tercer lugar, deben diferenciarse las políticas de defensa de “hard power” y “soft power”. La primera se refiere a la fuerza militar, las sanciones económicas, las alianzas estratégicas y la diplomacia coercitiva. Los recursos económicos, como el tamaño de la economía y la inversión en defensa. En cambio la segunda se relaciona con la posibilidad de obtener los resultados deseados provocando la admiración por parte de otros países, ya sea por sus valores, su prosperidad o su apertura. Tres herramientas claves: diplomacia cultural; promoción de valores; y política exterior. Como adelante, en la presentación me focalice más en la primera.
El escenario estratégico
A partir de estos tres puntos sostuve que un escenario es estratégico en tanto cuente con reglas de juego y actores con objetivos estratégicos y vitales en el mismo. Ahora bien, el escenario a analizar es puntualmente el “Constructo Sistémico Atlántico Sur” que abarca las aguas de dicho océano, las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur, y la Antártida Argentina (en adelante, “Atlpantico Sur”. Sostemos que es un constructo sistémico porque las partes se encuentran interrelacionadas estratégicamente y la afectación de una parte, afecta a las otras y al conjunto.

Gráfico Nº 1: Triángulo Estratégico “Atlántico Sur”
En este escenario existen tres reglas de juego: a) Mar Territorial hasta las 200 millas donde los países tiene los derechos de explotación sobre los recursos ictícolas, hidrocarburíferos y mineros, b) más allá de ese límite es alta mar y allí solo los recursos del suelo y subsuelo pertenecen al país que posee esa extensión otorgada por la Comisión de Límites de la Plataforma Continental (CLCS) de las Naciones Unidas; los recursos vivos que flotan pertenecen a cualquiera que los pesque; y c) el Tratado Antártico que tiene una duración indefinida, pero el Protocolo de Madrid, que prohíbe la explotación de recursos en la Antártida, será rediscutido en el año 2048; abriéndose varias opciones: i) continuidad, ii) explotación limitada o iii) libre explotación.

Gráfico Nº 2: Mar Territorial y Plataforma Continental Argentina
Gráfico Nº 3: Antártida
Gráfico Nº 4: Reclamos Antárticos
Puntualmente en la Antártida existe una disputa de soberanía latente que hay que tener presente en el análisis estratégico. Por ello, el libro incluye a Chile en el análisis pese a no ser un país atlántico.
Los intereses de los actores[7]
En función de todo lo expuesto, nos concentramos en las políticas de hard power, tomando como fuente los documentos estratégicos, las declaraciones de actores políticos y las políticas efectivamente implementadas.
El Reino Unido ha buscado poseer la capacidad, de manera constante y coherente a lo largo del tiempo, mantener el control y vigilancia del Atlántico Sur, así como la capacidad de proyectar poder sobre la Patagonia, la Isla Grande Tierra del Fuego y los pasos bioceánicos, y la Antártida. Estos son sus objetivos estratégicos.
Desde el mapa de 1908 hasta el del año 2009, confeccionado por investigadores de la Unión Europea, sus intereses son claros.

Gráfico Nº 5: Carta náutica del Reino Unido del año 1908
Fuente: Fontana, P. (2014). La pugna antártica. El conflicto por el sexto continente (1939-1959).
Gráfico Nº 6: Bases de los países de la Unión Europea con sus cadenas logísticas y sus proyecciones de poder
Fuente: Rogers, J. & Simon, L. en Fontana, P. (2014). La pugna antártica. El conflicto por el sexto continente (1939-1959).
Lo expuesto ha sido ratificado en el documento Strategic Defence Review de 2025 donde señala que
“Las bases del Reino Unido en el extranjero siguen siendo un elemento fundamental (…) para defender la soberanía del territorio británico (…) Muchas de estas bases están ubicadas en territorios británicos de ultramar (…) La soberanía sobre los territorios debe protegerse contra cualquier desafío (…) Esto incluye: mantener una postura militar defensiva en las Islas Malvinas [Falkland en el original], Georgias del Sur y Sándwich del Sur, así como en otros intereses británicos, incluyendo la defensa del sistema del Tratado Antártico”.
Estas declaraciones han sido respaldadas con acciones de “hard power” durante más de 200 años. Brevemente:
- Ataque a Buenos Aires en 1806 y 1807.
- Ataque, invasión de Puerto Soledad en 1833, expulsión de la población argentina y la ocupación ilegal e ilegítima desde entonces de las Islas Malvinas.
- Guerra del Paraná (1845-1850), aliado a Francia, donde el objetivo fue forzar la navegación y comercio de los ríos interiores de Argentina. Ambos países fracasaron y pidieron la firma de un Tratado que garantizó nuestros derechos. Cabe recordar que si lograron en las Guerras de Opio contra China, dando inicio al “siglo de humillación”
- Anexión de las Islas Georgias del Sur y Sándwich del Sur (1908).
- Operación Tabarin (1943-1945) con el objetivo de “contrarrestar la presencia argentina en la Antártida y debilitar sus reclamos de soberanía (…), a través de la instalación de bases en los mismos lugares que los argentinos”. En este contexto, las Islas Malvinas cobraban una “relevancia estratégica en caso de un conflicto mundial y los posibles beneficios de la minería antártica”. Para ello, entre 1943 y 1952 los británicos se dedicaron a retirar las banderas argentinas y las declaraciones de toma de posesión de soberanía[8], e instalaron las primeras bases: Port Lockroy, Isla Decepción, 1944 y en las Islas Orcadas, 1947. [9]
En el siguiente gráfico se muestra el despliegue de las bases británicas que permiten mantener el esfuerzo logístico en caso de un conflicto bélico, al cual he adicionado la Estación de Radar de Leo Labs situada en Tolhuin, Argentina.
Gráfico Nº 7: Bases Británicas
En lo que respecta a Estados Unidos, sus National Security Strategy y sus National Defense Strategy no priorizaban el Atlántico Sur. Si hacen referencia al Océano Atlántico como un todo, pero hasta el 2024, ésta potencia delegaba el control y vigilancia de estos espacios al Reino Unido. Sin embargo, en este último año, Estados Unidos dicta la National Security Memorandum on United States on the Antartic Region. En ella afirma que sus objetivos son: a) prohibir actividades militares, b) prohibir las actividades mineras, c) no reconocer los reclamos antárticos y d) vigilar a países que pudieran ocasionar discordia.
Paralelamente, las visitas de los Jefes del Comando Sur a Argentina cobraron un nuevo matiz. En efecto, a partir del año 2021, todos estos militares visitaron la ciudad de Ushuaia y, puntualmente, la Generala Laura Richardson declaró en 2022 que “la República Popular China [era una competidora]. Y esta región tiene muchas cosas para ofrecer: hay minerales, tierras raras, litio”. En enero de 2023, agregó que “tenemos el 31% del agua dulce”, usando la primera persona del plural.
También ha sido significativo el despliegue de submarinos nucleares como el que se dio a conocer en el año 2022.
Los siguientes mapas de Matías Battaglia ilustran el argumento:
Gráfico Nº 8: Argentina, Tierra del Fuego y la Antártida
Gráfico Nº 9: Tierra del Fuego y los pasos bioceánicos
La República Popular China tampoco hace mención al Atlántico Sur en sus documentos estratégicos. Sin embargo, prioriza los acuerdos de cooperación, incluyendo el militar, en América Latina. Por ejemplo, en una nota publicada en el diario Perfil, la periodista Eugenia Muzzio sostiene que China ya ha invertido 23 mil millones de dólares en Argentina, pese a las presiones estadounidenses. La periodista concluye, y coincidimos, que “cortar definitivamente los lazos [con China] significaría salir a buscar un nuevo acreedor dispuesto a poner miles de millones de dólares en iniciativas donde la Casa Blanca históricamente mostró poco interés en financiar ´ladrillos`».[10]
En cuanto a la Antártida tampoco hay menciones en los documentos estratégicos, pero ha desplegado una gran actividad desde los años 80 con la erección de la Base Gran Muralla, a la que le han seguido otras.
En síntesis, se puede concluir también que China busca: a) preposicionarse para la disputa por la explotación de recursos de la Antártida; y b) evitar que Estados Unidos tenga el control total de los pasos bioceánicos. Los mapas anteriores refuerzan esta conclusión.
Por último, cabe enfatizar que:
1.- China no pesca ilegalmente en Mar Argentino, si lo hace más allá de la milla 201 como muestran los datos que publica todos los años la Prefectura Naval Argentina, en los cuales también se observa que (en orden descendiente), pescan ilegalmente en aguas argentinas Taiwán, Corea del Sur, el Reino Unido y el Reino de España; y
2.- La Estación del Espacio Profundo no es una base militar y no tiene un uso militar. Así lo han ratificado las inspecciones de los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner (2011-2015), Mauricio Macri (2015-2019), Alberto Fernández (2019-2023) y Javier Milei (2023 a la fecha), y el Ejército de los Estados Unidos en el documento público “Instruments of Chinese Military Influence in Argentina”.
Por último, la Federación de Rusia no se focalizan en el “Atlántico Sur”, pero si en el Océano Atlántico, afirmando que debía un “despliegie naval suficiente en un ecenario marcado por la presencia de la OTAN”. Asimismo, la estrategia del año 2021 subraya que este país tiene intereses tanto en el ärtico como en la Antártida. En este último contienente, cuenta con las Bases Mirni y la Vostok que es una de las más grandes de dicho continente.
Además, el pasado 11 de mayo de 2024, el diario británico The Telegraph informó que la Federación de Rusia había encontrado una enorme reserva de gas y petróleo en el “Sector Antártico Británico” que sería diez veces mayor a las existentes en el Mar del Norte, equivalente a las reservas de Arabia Saudita, y que ese trabajo de prospección había sido realizado por la empresa rusa Rosgeo, mediante el buque Alexander Karpinsky en la Campaña 2019/2020. Pero lo relevante es que se encuentra en la zona en disputa entre Argentina, Chile y Reino Unido. Cabe destacar que ni este país, ni China y EE.UU. tienen reclamos de soberanía en la Antártida, pero como decía Tucidedes en el Siglo V A.E.C.: “Los fuertes hacen lo que pueden. Los débiles sufren lo que deben».
¿Y Argentina?
A diferencia de los casos anteriores, es interesante empezar destacando las acciones argentinas llevadas a cabo en el “Atlántico Sur”.
Desde el 25 de mayo de 1810, las Provincias Unidas del Río de la Plata, la Confederación Argentina y la República Argentina, nombres indistintos de acuerdo a la Constitución Nacional, realizaron actos administrativos y de políticas exterior y de defensa. Entre ellos se destacan:
- Pago de sueldos a trabajadores españoles en Puerto Soledad, 1811.
- El Capitán General José de San Martín solicita el reclutamiento de hombres en las Islas Malvinas.
- El Coronel David Jewett izó por primera vez la bandera argentina, 6 de noviembre de 1820.
- Gobernadores Argentinos en las Islas Malvinas: David Jewett (1820-1821), Guillermo Masón (1821-1822), Pablo Areguati (1822-1829), Luis Vernet (1829-1831), Juan Mestivier (1831-1832), José Pinedo (1833) y Jean Simon (1833).
- Protestas argentinas desde la primera realizada por el Embajador argentino ante el reino Unido, Manuel Moreno en 1833) y todas las que le siguieron, hasta el hito de la Resolución 2065 (XX) (1965) y el reconocimiento de la existencia de un conflicto de soberanía por la Comisión de Límites de la Plataforma Continental (2016).
- Fundación de la Base en las Islas Orcadas, 1904 hasta la fecha.
- Creación del Puesto Meteorológico en Griytviken, Islas Georgias (1905-1950).
- A partir de la tensión con el Reino Unido, Juan Domingo Perón impulsó, desde el Ministerio de Guerra y en sus dos primera presidencia, la creación de más bases. Por ejemplo, Base Melchior (1947), Base Decepción (1948), Base San Martín (1951) y Base Esperanza (1952).
Estas acciones argentinas terminaron en escaramuzas militares[11] entre tropas de nuestro país y británicas en la Antártida. En efecto, luego de las Invasiones Inglesas, del ataque e invasión a las Islas Malvinas, de la Guerra del Paraná (1845-1850) y antes de la Guerra del Atlántico Sur (1982), se produjeron los siguientes hechos:
- Escaramuza militar en Bahía Esperanza, 1º de febrero de 1952.
- Escaramuza militar en la Isla Decepción, 15 de febrero de 1953.
- Guerra del Atlántico Sur (1982).
- Base OTAN (1982 a la fecha).
Pese a lo expuesto, la Argentina no incorporó al “Atlántico Sur” como parte de sus objetivos estratégicos para la defensa nacional hasta 2021. No obstante, se pueden subrayar algunos matices y fuertes retrocesos.
Las Directivas de Política de Defensa (DPDN) de 2009 y 2014 incorporan lentamente el escenario del “Atlántico Sur” y se incorpora la formula diplomática de Malvinas.
Sin embargo, la DPDN 2018 si bien mantiene su reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y sus espacios marítimos e insulares, considera que la amistad con el reino Unido nos permitirá recuperar las Islas del Atlántico Sur. Creo que ha quedado demostrado que esto con “amor” no sucederá.
Mientras que en el capítulo I se realiza una apreciación del escenario internacional y regional, el capítulo II define la postura estratégica argentina, acorde con lo que establece el artículo 51 de Naciones Unidas. Allí inserta el gobierno de Mauricio Macri (2015-2019) la afirmación precedente de que a través de un mejoramiento de un buen vínculo bilateral con el Reino Unido recuperaremos nuestras islas.
Sin embargo, la DPDN 2021 dio los primeros pasos para la geopolitización de la “Cuestión Malvinas”. En efecto, este documento establece, en primer lugar, que:
“El Atlántico Sur constituye un sistema geoestratégico que comprende a la Patagonia Argentina, al Sector Antártico Nacional, al Atlántico Sur y a las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes”.
En segundo lugar, la DPDN 2021 afirma que:
“la persistente presencia militar, ilegítima e ilegal del Reino Unidos de Gran Bretaña e Irlanda del Norte en las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes obliga a tomar los recaudos de planificación de capacidades, despliegue y una organización acorde por parte de nuestro Sistema de Defensa”.
Todo esto en el Capítulo III: directivas a los organismos del Ministerio de Defensa y a las Fuerzas Armadas.
Estas declaraciones fueron acompañadas de acciones concretas, entre las que se destacan:
- La Ley Nº 26.651 que estableció el uso obligatorio del mapa bicontinental de la República Argentina.
- Resolución MD Nº 1138/2022: Guarnición Militar Conjunta en la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Su
- Radar terrestre RPA en Tolhuin.
- Decreto Nº 809/2021: reapertura de la Base Petrel en la Antártida.
- Traslado de la Base Naval Ushuaia.
- Plan de Capacidades Militares 2023.
Salvo la reapertura de la Base Petrel, el resto ha sido discontinuada. En efecto, el gobierno de Javier Milei (2023 a la fecha), aun más que el de Carlos Menem (1989-1999), ha reducido la “Cuestión Malvinas” al mero reclamo anual en el Comité de Descolonización. Los antecedentes y declaraciones de sus funcionarios ya nos alertaban de esta postura.
Por ejemplo,
- La Plataforma de la LLA (2023) no contiene ninguna mención a las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y Antártida Argentina.
- Declaraciones de la Canciller Mondino en The Telegraph: “los derechos de los isleños [serán] respetados, deben ser respetados y no se les puede faltar el respeto. El concepto de que uno le puede imponer a la gente lo que se puede hacer o lo que se debe hacer es extremadamente feudal e ingenuo”.
El propio Presidente Javier Milei reconoció el derechos de los isleños el pasado 2 de abril del corriente año:
- “Siempre dejamos claro que el voto más importante de todos es el que se hace con los pies. Anhelamos que los malvinenses decidan algún día votarnos con los pies a nosotros”.
En definitiva, como adelantamos y demostramos en otro artículo, y surge de las entrevistas a diplomáticos[12], el objetivo de la política exterior argentina es mantener la liturgia en su mínima expresión, el Comité de Descolonización, y no contrariar a Estados Unidos y Gran Bretaña.
Conclusión: ¿Por qué?
Randall Schweller sostiene que algunos países “han fallado en reconocer un peligro inminente”. Este autor lo llama underbalancing. Esto ocurre cuando: a) si no hay consenso entre las elites políticas y sociales sobre si existe una amenaza, su naturaleza, sus riesgos y políticas a adoptar[13] y b) si no hay cohesión en cuanto a la política interna[14] y la política exterior; sobre cuál es la amenaza más importante (o si la hay); o sobre si hay que invertir en defensa; o si hay elites que colaboran con el enemigo[15] (colaboradores de la periferia [John Gallagher & Roland Robinson][16] o ocupación militar con complicidad interna [Stathis Kalyvas]). A partir de este último concepto, sostengo que se puede producir una ocupación asistida por las elites sin ocupación militar. Por lo tanto, afirmaba, en respuesta a una pregunta, que no preveía una balcanización de la Argentina porque parte de nuestras elites toman decisiones en función de los intereses extranjeros.[17]
En el caso argentino, arte de nuestras elites políticas y sociales consideran que las Islas del Atlántico Sur son británicas: la diputada nacional Sabrina Ajmechet; el ex diputado nacional Fernando Iglesias; la ex Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich; el expresidente Mauricio Macri; el actual Canciller Pablo Quirno, e intelectuales como Beatriz Sarlo; Juan José Sebreli; Santiago Kovadloff; Rafael Filippelli; Emilio de Ípola; Vicente Palermo; Marcos Novaro y Eduardo Antón, entre otros.
En una investigación que está en curso mostramos como 3 de cada 10 militares no consideran el Reino Unido como una amenaza. Una de las explicaciones es que solo en una de las instituciones educativas militares se enseña el “Informe Rattenbach”, sino queda librado a la voluntad de los docentes, a los cuales se les pide que no aborden ciertos aspectos, o al interés de los alumnos de estudiarlo por su cuenta. Pero en las escuelas de la provincia de Buenos Aires y de la Ciudad Autonóma de Buenos Aires, la “Cuestión Malvinas” es una mera efeméride: no se estudia su geografía, su política, historia, su geopolítica ni de que se trata de un conflicto que aún no está resuelto.[18]
Por todo lo expuesto, y principalmente por nuestro actual presente, sostengo que Argentina tiene una soberanía fragmentada, entendida como la situación en la que un Estado mantiene el reconocimiento formal de su soberanía, pero ha perdido el control efectivo, homogéneo y continuo sobre una parte de su territorio, sus recursos estratégicos o sus decisiones nacionales, debido a la presencia o influencia de actores externos y/o a limitaciones internas de capacidad estatal. Esta soberanía fragmentada puede ser observada en diferentes dimensiones:
- Territorial: el Estado no ejerce control sobre partes de su espacio soberano o jurisdiccional: del total del territorio continental, insular, antártico, fluvial y marítimo de la República Argentina, el 23% se encuentra usurpado por el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, mientras que el 36% se encuentra bajo el paraguas del Tratado Antártico y es reclamada también por el Reino Unido y por Chile.
- Funcional: pérdida de autonomía decisional en áreas clave del Estado: política monetaria, energía, ciencia o tecnología.
- Control de recursos: No ejerce soberanía económica plena sobre sus bienes estratégicos (pesca, litio, hidrocarburos, agua) y/o el Estado no ejerce control sobre la explotación de los recursos.
Modificar esta situación requiere de políticas económicas, de educación, exterior, pero también de defensa porque como afirma Juan Gabriel Tokatlian: una política exterior sin defensa nacional no tiene dientes o, peor aun, invitados a una cena diplomática sin dientes podemos que convertirnos en el plato principal de la cena.
Hay que geopolitizar, como etapa superior de la remalvinización encarada entre 2003-2015 y 2019-2023, la “Cuestión Malvinas” en el marco del “Triángulo Estratégico del Atlántico Sur” porque si las recuperar, la política de defensa es esencial. Ya no solo por lo que afirmaba Tucídedes, sino también Flavio Vergecio Renato: “si uis pacem para bellum”.[19]
[1] Salvo cuando se indique las fuentes han sido extraídas de Eissa, S. & Diaz, A. (2025). El Tablero Estratégico del Atlántico Sur (2008-2022). Una mirada argentina. Rosario: Laborde Editor. Por una cuestión de practicidad, no se citan las fuentes de los gráficos de otros autores, las cuales están debidamente referenciadas en este libro. Éste se consigue en https://labordeeditor.com.ar/shop/el-tablero-estrategico-del-atlantico-sur-2008-2022-una-mirada-argentina-preventa-304745#attr=.
[2] Posdoctor en Ciencias Sociales (UBA), Doctor en Ciencia Política (UNSAM), Maestro en Ciencias Sociales con mención en Relaciones Internacionales (FLACSO-Argentina) y Licenciado en Ciencia Política. Ex Director Nacional de Formación (2019-2023). Integrante de la Comisión de Defensa del Partido Justicialista. Profesor de la materia “Defensa y seguridad internacional” de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.
[3] Agradezco el asesoramiento de un Coronel del Ejército Argentino.
[4] Surgió como comentario y vale la pena reiterar las dos aclaraciones. La política de defensa abarca tres dimensiones (ver nota 4) que construyen capacidades militares. Ésta no es sinónimo de “poderío militar” ni de “fierros”. Claramente sin estos últimos, las capacidades son nulas, pero como mostramos en el cuerpo del texto, los “fierros” por si solos no me brindan capacidades militares. En este sentido sostengo que el realismo argentino ha hecho una mala lectura de los autores realistas y son realistas ferreteros.
[5] No confundir con “política militar” que es una de las dimensiones de la política de defensa enfocada en la administración de las FF.AA. (destinos, ascensos, etc.), y ala que se recurre para garantizar el control civil, ni con la dimensión internacional (agregados, inteligencia estratégica militar, etc.).
[6] No se implementan solo por la influencia de las FF.AA., sino también de otros actores políticos y sociales, domésticos y externos.
[7] En la presentación no nos referimos a la India, Brasil, Uruguay, Chile y Sudáfrica por una cuestión de tiempo.
[8] Obviamente, Argentina con las campañas hacía lo mismo con la vadera británica y sus declaraciones de toma de posesión. Por tal motivo, el presidente argentina Juan Domingo Perón (1946-1955) inició una fuerte campaña de instalación de bases en el continente antártico. Fontana, P. (2014). La pugna antártica. El conflicto por el sexto continente (1939-1959). Buenos Aires: Guazuvirá Edciones,
[9] Fontana, P. (2014). Íbidem,pp. 155 y 165.
[10] Muzzio, Eugenia (2025, 24 de noviembre), “Inversiones chinas en la Argentina superan los USD 23.000 millones y desafían el alineamiento de Milei con Trump”. En Perfil. Recuperada el 25 de noviembre de 2025 de https://www.perfil.com/noticias/economia/inversiones-chinas-argentina-superan-usd-23000-millones.phtml.
[11] Fontana, P. (2014). Op. Cit.,capítulos 4 y 5.
[12] Eissa, S. (2025), “¿Unidos por Malvinas? La política exterior de las Alt-Right: la cuestión Malvinas (2023-2025)”. En CUPEA. Recuperada el 28 de noviembre de 2025 de https://cupea.unr.edu.ar/index.php/revista/article/view/242.
[13] Política exterior y defensa.
[14] Económica, entre otras.
[15] Eissa, S. (2023). “Underbalancing: Malvinas y la política de defensa nacional de Argentina”. En Revista Defensa Nacional, Nº 8. Buenos Aires: Universidad de la Defensa Nacional. Recuperada el 28 de noviembre de 2025 de https://undef.edu.ar/wp-content/uploads/2025/07/8-1-2.pdf.
[16] Tomado de la nota de Anzelini, L. (2024, 21 de julio), “Colaboradores de la periferia”. En El Cohete a la Luna. Recuperado el 28 de noviembre de 2025 de https://www.elcohetealaluna.com/colaboradores-de-la-periferia/.
[17] Algunos ejemplos históricos que se aproximan al tipo ideal: Reino de Judá (539 a.C.); ciudades griegas (Siglo IV A.E.C.); Reinos Visigodos (711-714); Reino de Navarra (1512–1515); reinos alemanes ((1866–1871); Hawái; Austria (1938), entre otros.
[18] Eissa, S. (2025, 23 de noviembre), “Invasiones anglosajonas”. En El Cohete a la Luna. Recuperado el 28 de noviembre de 2025 de https://www.elcohetealaluna.com/invasiones-anglosajonas/.
[19] Vegecio Renato, F. (2023 [410]). Compendio de técnica militar. Madrid: Cátedra, p. 241.





