UNA BREVE REFLEXIÓN ANTE EL INCREMENTO DEVASTADOR DE LOS FEMICIDIOS

por Silvia Augsburger

“No puedo creer que eso sea una discusión”. Así responde enojada, casi con tono de indignación, la antropóloga feminista Rita Segato cuando el periodista en una entrevista radial, la consulta acerca si el triple crimen de Florencia Varela fue o no un triple femicidio.

El pasado 19 de septiembre, Morena Verdi, Lorena Gutiérrez y Lara del Castillo fueron asesinadas y sus cuerpos descuartizados en una casa de Florencio Varela. Para sumarle horror, los crímenes fueron transmitidos en vivo para un grupo de aproximadamente 50 personas. La investigación concluyó que la motivación fue un robo de drogas y el crimen fue perpetrado por allegados o conocidos de las tres jóvenes, integrantes de una banda narco.

Segato es una de las activistas que más ha estudiado y publicado sobre los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez. Los feminicidios en esa ciudad mexicana se han convertido en un trágico símbolo global de la violencia de género y la impunidad, especialmente desde principios de la década de 1990. Estos crímenes sistemáticos, que a menudo involucran la desaparición, violación, tortura y asesinato de mujeres, muchas de ellas jóvenes, pobres, migrantes y trabajadoras de la industria maquiladora, han sido relacionados con la intensificación de la violencia general, la presencia del crimen organizado y la ineficacia o corrupción de las autoridades. La persistencia de estos asesinatos, la amplia atención internacional y la lucha incansable de activistas y familias, llevaron a que el término «feminicidio» fuera adoptado y tipificado como delito en México.

“El agresor, -dice Segato en relación a los feminicidios de Ciudad Juárez- que se apropia del cuerpo femenino en un espacio abierto, público, lo hace porque debe mostrar que puede. Es la exhibición de la capacidad de dominio que debe ser reeditada con cierta regularidad. El poder está condicionado a una muestra pública dramatizada a menudo en un acto predatorio del cuerpo femenino”.

Por ello, Segato, no duda de que el triple crimen de las tres jóvenes vinculado a una banda narco, fue un triple femicidio. y agrega: “No hay otra finalidad en el feminicidio que la exhibición de la crueldad”.

Los crímenes contras las mujeres son crímenes sociales, el asesinato de Morena, Brenda y Lara es un triple femicidio, no sólo porque se trata de mujeres masacradas para ser exhibidas, sino sobre todo por la connivencia necesaria entre vulnerabilidad, pobreza y género.

Aunque la inmensa mayoría de los femicidios se producen en el marco de una relación de pareja, o ex pareja, sus manifestaciones son múltiples. Pueden asimismo estar asociados con otros fenómenos de violencia como la delincuencia organizada, las migraciones forzadas, el tráfico y venta de drogas y cuando esto ocurre, la violencia sexista se vuelve más invisible.

Es imperioso comprender que, como explica Segato, “la violencia contra las mujeres no es un problema de interés de un grupo particular de la sociedad, sino el semillero, el vivero, el caldo de cultivo de todas las otras formas de violencia y dominación”.

El triple crimen nos puso una vez más cara a cara con la veta más cruel y brutal del patriarcado que es el femicidio. Apenas una semana antes , un video de Tik Tok hacía apología de la violencia sexista descartando mujeres en bolsas, obligándonos otra vez a las organizaciones feministas a explicar porqué poner a mujeres en bolsa no es un chiste.

Desde la asunción del gobierno de Milei, no sólo se desmantelaron y vaciaron las escasas políticas públicas para prevenir y sancionar las violencias machistas, sino que se acentuaron desde las más altas autoridades del estado los discursos de odio contra las narrativas feministas y las personas del colectivo LGBTIQ+.

El desarme de las políticas de género se hizo además en un contexto de ajuste feroz, precarización y pérdida de empleo y reducción sistemática de salarios y abandono de las políticas de ayuda social a la población más vulnerabilizada.

En el libro “ Contra el autoritarismo de la libertad financiera“, Verónica Gago y Luci Cavallero nos hablan acerca del incremento de la violencia de género en este contexto: “ Las violencias machistas contra las mujeres y la comunidad lgbtqni+ son una práctica de poder reactiva que suplanta la

desposesión y la humillación cotidiana en el mercado laboral y la transmuta en un placer microfascista en el ejercicio de una violencia que queda a la mano”.

Luego de la extensa difusión pública del triple femicidio durante los últimos días de septiembre, se produjo una devastadora ola de femicidios en distintos puntos del país: 14 femicidios en los primeros 15 días de octubre.

¿Funcionó la difusión del caso como un detonante , como una bajada de bandera para “el pasaje al acto” del machista odiante?

Gago y Cavallero también nos dan una posible respuesta a esto: “El acceso al gobierno de una persona como Milei “libera” un modo de ejercicio del poder que caracterizamos como pasaje al acto de los “discursos de odio” emitidos desde el Estado. Se instituye un antifeminismo de Estado”.

Para estas autoras, “los femicidios esparcen la idea de un poder absoluto a nivel de la cotidianidad. No es necesario “ser un gran hombre” para ejercer ese poder de matar. y , por eso mismo, ese acceso al poder deviene tan atractivo entre pares”.

Lejos de condenar el incremento de los femicidios, la máxima autoridad nacional en materia de seguridad culpó a la lucha feminista del recrudecimiento de la violencia sexista, contradiciendo su propio discurso negacionista de la existencia de la violencia de género. Bullrich dijo “ El desequilibrio que se generó con el feminismo extremo te lleva a situaciones en las que donde la violencia es tan fuerte termina destruyendo a la persona que generó esa lógica” . Una síntesis perfecta de ignorancia, cinismo y crueldad.

Las expresiones de la ministra no solo son falsas sino que son de una enorme y profunda irresponsabilidad, porque cuando el estado niega, desarma los marcos simbólicos que permiten identificar la violencia y actuar para combatirla.

Culpar a la lucha feminista o a las propias víctimas por su forma de vestir, o de actuar o comportarse es encubrir y proteger a los verdaderos violentos. Sus expresiones le suman volumen a los discursos de odio que se replican en redes y en programas de televisión y que han mostrado una

conexión y relación directa entre las estrategias de los violentos para desacreditar a las mujeres y la violencia ejercida contra ellas.

El caso del doble femicidio perpetrado por Pablo Laurta, fundador de “Varones Unidos” no sólo conmueve por su impunidad ya que la víctima había denunciado innumerable cantidad de veces al femicida, sino por dejar pateticamente expuesta la constatación del vínculo entre el femicida y las organizaciones antifeministas promovidas y apoyadas por funcionarios y militantes oficialistas.

Las feministas llevamos siglos de lucha para visibilizar que las democracias modernas se construyeron sobre un patrón preexistente de discriminación y subordinación de las mujeres y dicidencias sexo genéricas y para denunciar que la violencia machista es la expresión mas cruel y acabada de esa discriminación. y vamos a seguir militando, trabajando, activando hasta construir un mundo justo, inclusivo e igualitario.

Transitamos tiempos oscuros, “tiempos crepusculares que inexorablemente tendrán un finiquito” como nos dice la gran Dora Barrancos. Hacemos nuestras sus palabras: “Cansaremos con toda nuestra resistencia a quienes se empeñan en obturar la verdadera libertad”.