Movimiento Industrial Misionero (M.I.M.)
El M.I.M. organizó un reconocimiento a Osvaldo Cornide por su trayectoria como dirigente gremial empresario y su permanente defensa de la industria nacional y el federalismo.
Destacaron el compromiso y la dedicación de Cornide, quien lideró a nivel nacional y durante largos años la Confederación Argentina de la Mediana Empresa CAME. Ejerciendo la presidencia hasta el año 2016, y luego como presidente honorario, ha sido artífice del crecimiento y la consolidación de CAME.
El ingeniero Gerardo Grippo, presidente del Movimiento Industrial Misionero, señaló que este es un reconocimiento por “la defensa de la industria, el comercio y el federalismo” que Cornide supo sostener por más de cinco, décadas a lo largo y ancho del país, interactuando con gobiernos de signos políticos diferentes.
“Quiero agradecer a Gerardo Grippo, presidente del Movimiento Industrial Misionero (MIM), por la entrega de esta plaqueta reconocimiento por mi trayectoria en defensa de la industria nacional y el federalismo”.
Osvaldo Cornide, para el diario La Nación
La inversión no espera elecciones: espera demanda
Una respuesta a Nicolás Dujovne a partir de los datos del INDEC de los últimos diez días
En una extensa entrevista con LA NACION, el ex ministro Nicolás Dujovne expuso su visión acerca del estado de la economía: la heterogeneidad era esperable, parte del costo ya se pagó, la productividad sube y la inversión cae porque los grandes proyectos esperan el resultado electoral de 2027. Su diagnóstico, a mi juicio, descansa sobre un supuesto discutible: que los problemas de la economía real son un efecto transitorio del cambio de modelo y que lo que frena la inversión es el temor político, no el funcionamiento de la economía misma.
Los datos que el INDEC publicó entre el 17 y el 24 de septiembre permiten contrastar esa lectura.
Los datos no son una discusión técnica
Dujovne relativiza la posibilidad de una recesión técnica y la califica como casi una discusión técnica. Pero la secuencia es elocuente. El PBI cayó 0,6% desestacionalizado en el segundo trimestre, la primera baja trimestral en dos años, con retrocesos del consumo privado, del consumo público y de la inversión. El EMAE de julio se derrumbó 2,9% mensual, la mayor caída desde abril de 2020, y 1,4% interanual. Ocho de quince sectores retrocedieron, con el comercio (−5,1%), la industria (−4,6%) y la construcción (−3,3%) a la cabeza.
El mercado laboral acompaña. La desocupación subió a 7,9% en el segundo trimestre, contra 7,6% un año atrás, y la informalidad ronda el 45%. La pobreza alcanzó al 32,3% de las personas en el primer semestre, 4,1 puntos más que a fines de 2025, porque el ingreso per cápita familiar creció 11,5% mientras la canasta básica total subió 19,6%. Es la primera suba de la pobreza en décadas que no se explica por una crisis cambiaria con aceleración inflacionaria. Cuando la pobreza sube en plena desinflación, el problema ya no es de precios: es de empleo e ingresos.
La inversión no teme a 2027: teme a un mercado que no crece
El argumento central de Dujovne es que la inversión cae, un 11% interanual, porque los inversores del RIGI hacen desembolsos mínimos a la espera de las elecciones. Hay algo de cierto, pero invierte el orden causal. Michał Kalecki mostró hace ochenta años que la inversión depende de la demanda esperada y de la utilización de la capacidad instalada, y advirtió que la invocación de la «confianza empresaria» suele funcionar como un argumento político para condicionar la política económica. Ninguna empresa amplía su capacidad cuando el comercio cae 5%, la industria 4,6% y el consumo interno se contrae.
A eso se suma una decisión explícita: el Estado se retiró como inversor. La inversión pública nacional se ubica en niveles inferiores a los de 2002. Sin obra pública, sin crédito y con demanda deprimida, el acelerador de la inversión funciona al revés. El temor a un eventual cambio de gobierno no explica por qué tampoco invierten las pymes del comercio, la construcción o la industria, que no dependen del RIGI sino de sus ventas.
Productividad o composición
Dujovne celebra que la productividad sube porque el PBI crece con poco empleo. Pero esa cifra agregada puede ser un efecto de composición y no una mejora generalizada. Cuando crecen la energía y la minería, intensivas en capital, y se achican el comercio, la industria y la construcción, intensivos en trabajo, el producto por ocupado sube aunque ninguna empresa sea más eficiente. Gunnar Myrdal describió este proceso como causación acumulativa: los sectores dinámicos concentran capital y capacidades, mientras el resto de la economía queda atrapado en un círculo de baja demanda y baja inversión. El resultado no es un país más productivo, sino uno más desigual entre sectores y territorios, como el propio Dujovne reconoce al mencionar el desempleo de dos dígitos en Córdoba y Rosario.
El límite externo y el garante en Washington
El exministro confía en que 2027 no será un calvario cambiario porque habrá más reservas, bandas creíbles y un probable apoyo preventivo del Tesoro de Estados Unidos. Es una admisión reveladora: la estabilidad del año electoral depende de un respaldo externo. Anthony Thirlwall formuló una regla sencilla: un país no puede crecer por encima de lo que le permite su restricción externa sin endeudarse o depender de terceros. El superávit comercial actual se apoya en términos de intercambio excepcionales, no en una transformación de la estructura exportadora. Mientras tanto, el BCRA compró apenas US$ 29 millones en la última semana y las reservas cayeron a su menor nivel desde julio.
Si el crecimiento depende del precio del petróleo y la estabilidad del Tesoro norteamericano, lo que se construyó es un equilibrio frágil, no un modelo autosostenido.
Lo que falta
Dujovne tiene razón en algo: el gasto primario nacional ya bajó al 14% del PBI y queda poco por recortar. Precisamente por eso, el debate relevante ya no es cuánto ajustar, sino cómo crecer. La respuesta no está en esperar que se disipe la incertidumbre electoral, sino en reconstruir los motores internos: crédito productivo en moneda local, inversión en infraestructura, integración de las cadenas industriales con los sectores exportadores y políticas que conviertan la renta de Vaca Muerta y la minería en capacidad productiva distribuida en el territorio.
La incertidumbre que frena la inversión no es solo política: es la incertidumbre sobre si esta economía, además de estable, va a volver a crecer para la mayoría. Estabilizar la nominalidad es un punto de partida, no un destino.

