por Guillermo Díaz
El sistema universitario argentino atraviesa el peor momento presupuestario en veinte años. Según estimaciones del Centro de Economía Política Argentina, el gasto en Educación y Cultura caerá un 47,3% en términos reales entre 2023 y 2026, y si no se aplica la Ley de Financiamiento Universitario, el presupuesto destinado a las universidades nacionales tocará el 0,47% del PBI, el piso más bajo desde 2005. Los docentes y trabajadores de las universidades nacionales perdieron cerca del 30% de su poder adquisitivo en apenas año y medio de gestión libertaria, y en mayo el Gobierno recortó otros 5.303 millones de pesos en obras de infraestructura repartidos entre trece universidades, de La Plata a Entre Ríos. Hay una casa de altos estudios, sin embargo, que viene esquivando ese ajuste casi por completo: la Universidad de la Defensa Nacional.
Presupuesto en alza, todo lo demás en caída
Mientras la Universidad Nacional de La Plata perdía mil millones de pesos en infraestructura y la Universidad Nacional de Entre Ríos otros 540 millones, la UNDEF viene mostrando la trayectoria inversa. Ya en 2024 su presupuesto había crecido un 106% interanual, según reveló una investigación del medio santafesino Data24 ($3.703 millones frente a un sistema universitario que empezaba a asfixiarse), y esa tendencia no se cortó: para el ejercicio en curso el presupuesto de la Universidad volvió a crecer, esta vez un 35%, a lo que se suman aportes extraordinarios que la Subsecretaría de Políticas Universitarias giró de manera directa y por fuera de los canales habituales. En un contexto donde cualquier rector de una universidad nacional pelea centavo a centavo para sostener los sueldos docentes, la pregunta que se impone es simple: ¿por qué la universidad militar del Gobierno de Milei crece mientras todas las demás se achican?
Plata que entra, pero no llega a las facultades
El destino de esos fondos adicionales es la otra parte incómoda de la historia. Ese dinero no se tradujo en ningún derrame hacia las facultades militares (Ejército, Armada, Fuerza Aérea, las unidades académicas que le dan sentido a la existencia misma de la Universidad), sino que quedó concentrado casi en su totalidad en el Rectorado y en la Facultad de la Defensa Nacional (FADENA), la unidad académica orientada a la formación de civiles que conduce, de manera indirecta, el propio rector Julio César Spota. La asimetría no es nueva: ya en 2025, una investigación del medio Data24 describía a la UNDEF como una institución “capturada por intereses partidarios” que además esquivaba las auditorías de la Sindicatura General de la Nación, y documentaba una continuidad llamativa en los cargos de conducción pese a los señalamientos: quien hoy es rector fue decano, y buena parte del actual gabinete viene ascendiendo dentro de la misma estructura desde hace años.
Una hipertrofia que no figura en ningún organigrama público
Según pudo reconstruir este artículo a partir de diferentes fuentes, hasta enero de 2024 el Rectorado y FADENA sumaban en conjunto 137 agentes. Esa dotación treparía hoy a unos 450 agentes entre personal docente y no docente, todos incorporados por designación directa del Rector y de un funcionario que, según esas mismas fuentes, llegó a acumular la conducción simultánea de tres áreas clave del organigrama. Vale aclarar que el propio sitio institucional de la Universidad publicaba a mediados de 2025 una “dotación óptima” de apenas 171 agentes, una cifra que no se condice con ninguno de los dos números anteriores y que ilustra, más que nada, la opacidad con la que la actual gestión maneja su propia planta de personal.
La mayor parte de esas nuevas incorporaciones, de acuerdo con las mismas fuentes, se reparte entre tres perfiles:
- Están los familiares y allegados directos, como el de una antropóloga, cuya formación (la misma disciplina que el propio rector), aunque no parece guardar relación con las funciones del cargo que hoy ocupa, alcanzó igual para asegurarle un lugar en la estructura: es Jefa del Departamento de Informaciones de la Dirección de Planeamiento Institucional, dentro de la Dirección General de Fortalecimiento Universitario de la Secretaría General, un puesto de gestión y análisis institucional que ninguna especialización en antropología explica por sí sola.
- Están los militantes que llegan desde la Franja Morada de la UBA, vinculados a distintos funcionarios de la actual gestión.
- Y cada vez pesa más un tercer grupo, el de los cuadros libertarios: el caso más claro es el de Iván Dubois, quien pasó más de una década en una empresa familiar antes de acercarse al círculo de Javier Milei documentando en YouTube sus primeras caminatas de campaña en 2021, asumió como Parlamentario del Mercosur a fines de 2023 y hoy preside además la Alianza Internacional de Partidos Libertarios. En junio de 2026, mediante la Resolución RESOL-2026-47-APN-R#UDN, el Rectorado creó especialmente para él la Secretaría de Relaciones Institucionales.
Los tres perfiles conviven hoy en Secretarías, Direcciones Generales y Coordinaciones creadas de manera permanente y con funciones que se superponen entre sí: sólo entre marzo de 2024 y junio de 2026, la propia Universidad reconoce en sus resoluciones haber modificado su estructura orgánica al menos catorce veces.
El costo político: una universidad que se aleja de la Defensa
Todo ese despliegue administrativo tiene un correlato institucional que empieza a hacerse visible puertas adentro de los cuarteles. El Rectorado opera hoy prácticamente aislado del Ministerio de Defensa y de las propias Fuerzas Armadas, que fueron, no lo olvidemos, la razón de ser original de esta universidad. Frente a esa pérdida de sustento en sus bases naturales, la conducción actual eligió un acercamiento táctico a los sectores más duros del oficialismo libertario, como forma de blindarse políticamente ante el desgaste que genera esa misma desconexión con el sistema de defensa. El malestar en las cúpulas militares con la gestión de Spota ya alcanzó un punto en el que, en los altos mandos, se discute abiertamente volver al viejo esquema de Institutos Universitarios independientes por cada Fuerza, el modelo que rigió antes de la creación de la UNDEF en 2014.
Ahí queda expuesta la paradoja que atraviesa a esta universidad: fue creada para formar a militares y civiles bajo un mismo techo académico, y hoy exhibe el privilegio presupuestario de una repartija política mientras pierde, número tras número, el vínculo con la institución que le da sentido. El resto del sistema universitario nacional marcha en las calles para sostener sus sueldos. La UNDEF, mientras tanto, sigue creciendo en plata y en estructura, sin que nadie afuera del Rectorado pueda explicar del todo hacia dónde va esa plata ni quién decide, con qué criterio, quién entra a trabajar ahí.
Guillermo Díaz es especialista en defensa nacional y relaciones internacionales.
