por Elías Soso
Soy Elías Soso, hijo de árabes. Igual que 4.ooo.ooo de argentinos tengo sangre árabe, y, como dice un refrán, la sangre no es agua. Vivo mi argentinidad agradeciendo la generosidad de ésta, mi Argentina, que recibió desde fines del siglo XIX a tantos inmigrantes de Medio Oriente
Mi padre vino desde Siria en 1922. Y eligió para casarse a mi madre libanesa, quien llegó desde Beirut en 1935, cuando se enamoró de ella y de esta bendita tierra donde eligió quedarse. Esa es una historia bastante común, una forma consolidar un país, aquerenciando a millones de hombres y mujeres del mundo que prosperaron aquí.
Y hoy leo y escucho que la generosa Argentina quiere vender sus tierras sin poner límites. Argentina no necesita vender sus tierras, porque eso es una forma de vender soberanía
No tengo autoridad para expresar como se legalizan mis deseos, aunque creo que están legalizados en las leyes vigentes, pero creo tener autoridad moral para decir que para mejorar, Argentina no necesita vender sus tierras.
Los medios informan que algunos países árabes podrían estar interesados en estas compras. No necesitamos vender masivamente nuestras tierras; necesitamos inversión. Necesitamos trabajo noble, que respete la vida.
Argentina es un país de paz y trabajo y se está aliando peligrosamente con líderes que hacen de la guerra un negocio cruel e infame. Quienes descendemos de árabes podemos dar fe de lo miserable que es la guerra, que destruye la vida de nuestros ancestros.
Convoco a todos mis congéneres a pronunciarse.