charla taller en FECOFE con Mateo Compagnucci, Dámaris Pacchiotti y Raúl Fava
Dámaris Pacchiotti:
Durante este año 2026, desde el equipo de políticas públicas de Juan Monteverde, nos hemos dado la tarea de conformar un equipo de trabajo para abordar en conjunto ejes de políticas públicas que consideramos prioritarias para el nuevo gobierno de Rosario.
Hemos estudiado distintos casos de éxito de implementación de políticas públicas, tanto estatales como de gestión social, que entienden al alimento como un derecho humano, un bien público, tanto a nivel nacional como internacional y particularmente, a instancias de los compañeros de la Corriente, nos adentramos a conocer la experiencia del programa de habilitación municipal para pequeños productores domiciliarios de la ciudad de Esperanza, creado en el gobierno anterior.
La clave es pensar, retomar y transformar estrategias locales de acceso a los alimentos para el pueblo de la ciudad de Rosario, siendo uno de los desafíos políticos más importantes que queremos asumir como equipo de gobierno.
El único método eficiente para construir y profundizar nuestro plan de gobierno es hacerlo a través de la participación y de la escucha de aquellos actores de la comunidad organizada que vienen desarrollando y que han desarrollado con anterioridad soluciones concretas a problemas comunes, con mucho éxito y con mucho trabajo, desde la cooperación y la cercanía.
Raúl Fava:
Esperanza es una ciudad con una importante dotación de empresas que elaboran y comercializan alimentos para consumo humano. Muchas son abastecedoras del mercado regional y nacional, y algunas exportan sus productos a diferentes lugares del mundo, algunos importantes destinos comerciales. Esas empresas generan un buen número de puestos de trabajo, promueven la actividad de pequeñas proveedoras de insumos y servicios, y generan ingresos significativos para la ciudad. Esto incluye productores agropecuarios de materias primas que se comercializan a diferentes sitios niveles. Este sector tiene organización en cámaras y fuerte presencia institucional, tanto localmente como a nivel regional y nacional.
Paralelamente existe un sector de producción, elaboración y comercialización de alimentos para consumo humano en un contexto de informalidad y dudosa calidad sanitaria, que se enmarca dentro del sector de pequeños productores/elaboradores de alimentos. Se trata de un conjunto que tiene potencialidad y que requiere ser atendido particular y específicamente por el Estado, que debe brindar y poner a su alcance herramientas que permitan su formalización, crecimiento y desarrollo.
Ese fue el sentido del PROGRAMA MUNICIPAL DE INCLUSION Y DESARROLLO PARA PEQUEÑOS PRODUCTORES Y ELABORADORES DE ALIMENTOS, implementado en 2018 en la ciudad de Esperanza, en sus ámbitos urbano, periurbano y rural. El programa se ejecutó desde la Secretaría de la Producción, en articulación con otras reparticiones municipales, coordinando con organismos nacionales y provinciales, así como con entidades sectoriales.
El objetivo fue la formalización del sector, su adecuación al marco normativo y la obtención de productos de calidad, legítimos, inocuos y a precios justos.
Se definió como destinatarios a pequeños productores/elaboradores de alimentos a emprendimientos unipersonales o de un pequeño grupo de personas, con reducido capital, bajo nivel tecnológico y organizativo, que en la informalidad producen, elaboran y comercializan alimentos para consumo humano, a baja escala, obteniendo con ello un rédito económico para su sustento y sin capacidad de acumulación. Alcanza a pequeños productores de la agricultura familiar, que obtienen de su actividad materias primas o productos primarios (hortalizas, frutas, huevos, leche, miel, etc.) y los comercializan por sus propios medios en distintos ámbitos urbanos y por medio de diversas estrategias (boca a boca, redes sociales, avisos clasificados, telefónicamente, etc.). También incluye a los elaboradores de alimentos, que son unidades mínimas dedicadas a la elaboración y comercialización, en las que interviene una persona o un pequeño grupo de personas, habitualmente familiares, y que se ocupan de la elaboración de uno o varios tipos de alimentos, listos para el consumo.
Por estas características de informalidad y diversidad partimos de una muy pobre registración del número preciso de quiénes y cuántos forman parte de ambos grupos, lo que constituye una dificultad para la tarea. Si bien pudimos avanzar en el relevamiento sectorial, esta debilidad de registro es una dificultad inherente. Generamos y dimos impulso a un registro único de pequeños productores/elaboradores de alimentos, buscando recopilar información de aquellos que cuenten con habilitaciones municipales o no.
Además de los beneficiarios directos, el programa beneficia de modo indirecto a los consumidores, por cuanto pueden tener garantías de adquirir alimentos inocuos y de calidad provenientes de este sector.
En una primera etapa se recolectó información de los productores/elaboradores encuadrados en el sector que ya contaban con habilitaciones municipales; se identificó el universo de la población objetivo no registrada; se establecieron instancias de formalización, registro y habilitación de productos y de lugares de producción/elaboración, según lo establecido en los marcos normativos provincial y municipal correspondientes; y se definió un listado de tipos de ámbitos de producción/elaboración y de productos autorizados para el consumo, basado en análisis de riesgos cualitativos.
En un segundo momento se procedió a implementar acciones de sensibilización; diseñar y ejecutar actividades de capacitación; garantizar la obtención de la Libreta Sanitaria y el Carné de Manipulador de Alimentos de todo el personal afectado a las tareas propias del sector.
También promovimos la adecuación de los lugares de producción/elaboración (instalaciones, equipos, utensilios, procedimientos, personal, entre otros) en el marco de las BPF y las normas vigentes; así como a elaborar protocolos de trabajo específicos.
Se promovieron acciones dirigidas a promover la producción ecológica, biológica u orgánica; y se generaron ámbitos formales y controlados para la comercialización de los productos disponibles, controlando que haya precios justos para los consumidores.
Se estableció un sistema para generar y mantener documentación vinculada al programa (registros, instrucciones, etc.); digitalizar y procesar los datos; y producir información el grado de avance y para su realimentación, ajuste y corrección. Para eso definimos una serie de indicadores de impacto y eficiencia, como diferentes tasas de inclusión, de habilitación de lugares, de capacitación de trabajadores, de obtención de libretas y carnets.

