por Héctor Carletti
Reflexiones sobre el encuentro de los presidentes de EEUU y China y los CEOs de las principales empresas tecnológicas.
La diplomacia de las grandes potencias ha dejado de negociarse en reservadas oficinas de Estado para trasladarse a los salones donde la tecnocracia dueña del algoritmo y del silicio pretende dictar el pulso del planeta. La reciente cena organizada en la Casa Blanca por Donald Trump para recibir a su par chino, Xi Jinping, no fue un banquete de protocolo convencional; funcionó como el consejo de administración del nuevo orden mundial. Alrededor de esa mesa se sentaron pesos pesados de la industria tecnológica como Jensen Huang (Nvidia), Sam Altman (OpenAI), Elon Musk (Tesla, SpaceX), Satya Nadella (Microsoft), Tim Cook (Apple), Sundar Pichai (Google) y Lisa Su (AMD).
El motivo de fondo que aceleró esta cumbre de urgencia tuvo ribetes de pesadilla geopolítica: semanas antes, un sofisticado informe falso generado por sistemas autónomos de Inteligencia Artificial estuvo a nada de desencadenar un incidente militar a gran escala, tras confundir y simular una agresión inminente contra un destructor chino en aguas internacionales. El error algorítmico, que rozó el disparador de un conflicto, expuso la fragilidad de un mundo donde las máquinas ya procesan hipótesis de guerra a una velocidad que los diplomáticos humanos no alcanzan a auditar.
El ausente y los temas de la discordia
Mientras los titanes tecnológicos cenaban y dialogaban bajo la atenta mirada de Washington y Pekín, hubo una ausencia que se hizo notar: Dario Amodei, CEO de Anthropic. Su faltazo no fue un descuido de agenda, sino el reflejo de una fractura profunda. Anthropic ha mantenido un duro enfrentamiento legal y político con la administración de Trump y fué catalogada temporalmente como un supuesto «riesgo para la cadena de suministro» debido a sus férreas políticas de restricción militar y su resistencia a ceder el control ético de sus modelos. La postura de Amodei, quien advierte sistemáticamente sobre los peligros de una carrera armamentística descontrolada en IA frente a potencias rivales, contrastó con el pragmatismo complaciente del resto de los CEOs, más ocupados en asegurar cuotas de mercado y excepciones regulatorias.
Durante el encuentro, los ejes de discusión giraron en torno a la necesidad imperiosa de establecer cortafuegos comunes. Xi Jinping insistió en mantener canales de diálogo abiertos y asegurar que la inteligencia artificial, o «superinteligencia», término que Trump adoptó con entusiasmo durante el convite, permanezca bajo estricto control humano. También see debatió sobre otros temas, entre ellos controles de exportación de semiconductores, ciberseguridad defensiva y la urgencia de evitar que alucinaciones de IA vuelvan a poner en jaque la estabilidad global.
Una advertencia ineludible para la política de Argentina.
Este escenario de alta tensión global, deja una lección importante para la dirigencia política de la Argentina. En un siglo donde la soberanía ya no se mide únicamente por kilómetros de frontera terrestre o reservas de materias primas brutas, el futuro de las naciones depende de su soberanía digital y su capacidad de inserción en las áreas de vanguardia científica y de la industria del conocimiento.
Para un país periférico pero con talento humano competitivo, la especulación financiera y la improvisación a corto plazo equivalen al suicidio geopolítico. La Argentina necesita con urgencia una política de Estado orientada al desarrollo de tecnologías convenientes, entendiendo por tales aquellas que atienden a los intereses estratégicos nacionales sin caer en dependencias coloniales cuidando el medioambiente y que generan bienestar y trabajo en la comunidad. (E: Galli – J. Zaccagnini). Esto implica blindar y potenciar los vectores fundamentales de “ciencia y tecnología convenientes”:
- Soberanía Digital: capacidad del Estado, y la comunidad para controlar de forma independiente su propia infraestructura digital, datos, software y decisiones tecnológicas. Control autónomo de datos de los ciudadanos y sus organizaciones con capacidad para almacenarlos con infraestructura propia: redes, centros de datos y sistemas operativos locales. Y fundamental el marco jurídico: qué leyes se aplican sobre la información personal y gubernamental
- Inteligencia Artificial: No como mera adopción de herramientas extranjeras, sino como capacidad soberana de procesamiento, entrenamiento de modelos propios y aplicaciones en ciberdefensa.
- Tecnologías Cuánticas: no se trata sólo de IA sino también de: criptografía y comunicaciones cuánticas: que utilizan el entrelazamiento cuántico para crear comunicaciones absolutamente imposibles de hackear o espiar. Los sensores cuánticos, tecnología que permite crear radares y sistemas de navegación submarina de una precisión milimétrica que no dependen del GPS y revolucionan los instrumentos de precisión y las tecnologías de control y medición. (De aplicación en la agricultura de precisión y la producción de precisión.)
- Industria del Átomo: Aprovechando la histórica tradición nuclear argentina para liderar mini reactores modulares y las aplicaciones del átomo en la salud, y en la industria.
- Sector Satelital y Espacial: Manteniendo y expandiendo la soberanía en observación y control del territorio (tierra, mar y espacio aéreo) y telecomunicaciones, un recurso crítico para la gestión de recursos naturales y la defensa nacional. Desarrollando la autonomía en lanzadores satelitales propios. (como el Proyecto Cohete Tronador)
Continuar ignorando estas urgencias tecnológicas mientras las potencias discuten el destino de la IA y las tecnologías, condena a la Argentina a ser un mero consumidor pasivo y vasallo digital y tecnológico. Los avances de ciencia y tecnología no esperan consensos partidarios.
¿Comprenderán de una vez los dirigentes de la política argentina que el desarrollo del siglo XXI se define por las capacidades de gobernar, gestionar e invertir en educación ingenieril y en ciencia y tecnología convenientes? ¿Comprenderán la necesidad de un Pacto Nacional Digital y de la IA que debe abordar, regulación, fiscalización, soberanía tecnológica conveniente, derechos digitales y la promoción y regulación del trabajo que estas actividades producen?
Héctor Carletti es Ingeniero Químico e Ingeniero Laboral. Preside de la Asociación de Graduados UTN Facultad Regional Rosario; miembro de la Comisión Directiva de la Asociación Civil Infoworkers; y Director del Observatorio de Sociedad Trabajo y Tecnología AG UTN FRRo. contacto: [email protected]


