EL PERONISMO DEL SUR SANTAFESINO COMENZÓ A DISCUTIR UN PROYECTO DE FUTURO
por Natalia Porfiri
En tiempos donde gran parte de la discusión política parece reducirse a candidaturas, alianzas e internas, la jornada «Comunidad y Liderazgo», realizada en Cañada de Gómez, dejó una señal diferente.
La convocatoria, impulsada por el Partido Justicialista del departamento Iriondo junto a organizaciones sindicales, reunió a dirigentes, militantes, referentes territoriales y representantes de distintos sectores del peronismo santafesino. Pero el eje del encuentro no fue la ingeniería electoral.
La pregunta que atravesó gran parte de los debates fue otra: cómo reconstruir comunidad en una sociedad cada vez más fragmentada.
La unidad apareció como una condición necesaria, pero no suficiente. A diferencia de otros momentos donde el debate quedó reducido a nombres propios o estrategias electorales, las discusiones giraron alrededor de una preocupación más profunda: qué proyecto puede ofrecer hoy el peronismo frente a una sociedad atravesada por la incertidumbre, el individualismo y el deterioro de las condiciones de vida.
Las distintas mesas abordaron problemáticas diversas —juventudes, economía, salud, educación, cultura e infancias—, pero terminaron convergiendo en una misma preocupación: el debilitamiento de los vínculos sociales y la pérdida de horizontes compartidos.
La dificultad para proyectar un futuro, la precarización del trabajo, la crisis de los sistemas de salud y educación, las deudas pendientes con las infancias y la necesidad de reconstruir espacios reales de participación aparecieron como expresiones distintas de un mismo desafío: cómo volver a construir comunidad en un contexto marcado por la fragmentación social.
Las intervenciones de referentes territoriales tuvieron un protagonismo particular. Entre ellas, la ex intendenta de Cañada de Gómez y actual concejala Stella Clerici insistió en una acción que parece obvia, pero que no siempre encuentra traducción en la práctica política: estar presente. La idea dialogó con gran parte de los debates posteriores, atravesados por una convicción común: no hay comunidad posible sin presencia.
Pero la presencia, por sí sola, no alcanza. También resulta necesario preguntarse alrededor de qué proyecto, de qué valores y junto a qué actores sociales puede reconstruirse esa comunidad.
Fue en ese punto donde el debate comenzó a enfocarse en una pregunta complementaria: cómo reconstruir una alternativa política capaz de volver a convocar a las mayorías.
Al abordar la construcción de una alternativa al gobierno nacional, el diputado nacional Agustín Rossi propuso una lectura estratégica sobre los desafíos del campo nacional.
Planteó la existencia de distintos «mundos» sociales, culturales y políticos que hoy expresan formas diversas de organización, participación y resistencia. Más que describir sujetos políticos, la propuesta apuntó a señalar hacia dónde debe mirar el campo nacional para reconstruir una alternativa de mayorías: trabajadores, movimientos sociales, feminismos, organizaciones de derechos humanos, expresiones culturales populares y sectores vinculados a la doctrina social de la Iglesia.
Como ejemplo de esos espacios de construcción colectiva, Rossi mencionó la multitudinaria despedida de los seguidores del Indio Solari. Más que una referencia musical, la utilizó para señalar la existencia de comunidades capaces de generar identidad, pertenencia y sentido compartido por fuera de las estructuras políticas tradicionales. También destacó la capacidad de convocatoria de una figura que, durante décadas, construyó una referencia cultural sin ajustarse a los parámetros dominantes del sistema.
En esa misma línea, incorporó a los sectores inspirados en la doctrina social de la Iglesia y mencionó la encíclica «Magnifica Humanitas», publicada por León XIV. La referencia no fue casual.
Además de la histórica relación del peronismo con amplios sectores del catolicismo, la idea de justicia social aparece como un punto de encuentro entre ambas tradiciones, especialmente en un contexto donde vuelven a discutirse el papel del Estado, la distribución de la riqueza y las condiciones de vida de las mayorías.
Detrás de esas referencias apareció una hipótesis política más amplia: la construcción de una alternativa no dependerá únicamente de acuerdos entre dirigentes, sino también de la capacidad de volver a convocar a sectores sociales que hoy se encuentran dispersos, pero que continúan produciendo identidad colectiva, organización y participación.
Fue el diputado Germán Martínez quien terminó sintetizando el clima general de la jornada.
Según planteó, el desafío no consiste solamente en acumular representación política, sino en reconstruir vínculos, fortalecer liderazgos y ofrecer un horizonte de futuro capaz de volver a convocar a la sociedad.
En una época atravesada por el individualismo y el desencanto, sostuvo que la política debe recuperar la capacidad de escuchar, organizar y proponer. Pero también debe animarse a irrumpir nuevamente en la sociedad con un proyecto capaz de confrontar ideas, disputar sentidos y ofrecer una alternativa reconocible.
Martínez advirtió que cuando los proyectos políticos dejan de expresar diferencias claras respecto del rumbo que proponen, resulta más difícil convocar, entusiasmar y construir mayorías.
Y quizás la definición más potente de toda la jornada haya sido también la más sencilla: «Nada es irreversible».
La frase, pronunciada por Martínez durante el cierre de su intervención, pareció condensar buena parte del espíritu del encuentro.
Porque si la política deja de creer que las transformaciones son posibles, deja también de ofrecer horizontes. Y gran parte de los debates desarrollados en Cañada de Gómez giraron precisamente alrededor de esa preocupación: cómo volver a construir un horizonte compartido para una sociedad donde cada vez más personas sienten que el futuro se ha vuelto una promesa incierta.
En ese punto, las distintas intervenciones parecieron converger en una misma idea: la necesidad de reconstruir vínculos, recuperar sentidos colectivos y volver a pensar la política como una herramienta capaz de transformar la realidad.
Después de todo, sin un horizonte que nos permita creer en la transformación no hay proyecto colectivo capaz de convocar a una sociedad. Y la política no debería resignarse a convertirse únicamente en la administración de lo existente.
