EL NEGACIONISMO COMO APOLOGÍA DEL DELITO

por Mariano Romero

Vivimos en un momento histórico donde se actúa sin pensar, donde se reciben estímulos de pocos segundos a través de las redes sociales y donde “parecer” resulta más importante que “ser”, donde las burbujas creadas por los algoritmos de las plataformas constantemente reafirman lo que queremos escuchar, sin mostrarnos ninguna mirada diferente que nos haga detenernos a pensar, a debatir.

En este escenario distópico, donde se pone en cuestionamiento hasta la forma del planeta por parte de los “terraplanistas”, hay cosas que no debieran permitirse. La reivindicación del secuestro, la tortura y el asesinato de personas por pensar diferente, de la apropiación de bebés, todos crímenes cometidos por la última dictadura cívico-militar, no debería ser gratuita. Así como en muchos países, principalmente de Europa, el negacionismo del Holocausto constituye un delito, aquí el negacionismo o la reivindicación de las atrocidades cometidas por la última dictadura militar debería ser perseguida penalmente como apología del delito (Art. 213 del Código Penal).

Creo que es un límite necesario, porque el decir cualquier cosa sin consecuencias, habilita a hacer cualquier cosa sin consecuencias. Y la reivindicación de un genocidio debe ser el límite. No hay que confundir la libertad de expresión con la apología del delito. Establecer este límite como parte del consenso democrático es el paso fundamental para la construcción de un debate serio, donde los puntos de vista deban tener su justificación y no ser solamente expresados para la comunicación digital. Quienes no tienen argumentos son humillados en cada debate público, pero el recorte digital maquilla la realidad y nos lleva a este presente de profundas injusticias donde millones de compatriotas viven en condiciones inhumanas, donde el capitalismo cada vez necesita de menos trabajadores para acumular mayores riquezas en pocas manos y donde vemos estupefactos la degradación de las instituciones y de la dignidad de nuestro país. ¿Quién se hubiera imaginado un presidente de la Nación como Milei hace algunos años? ¿Quién se hubiera imaginado un sometimiento tan humillante de quienes conducen nuestro país al imperialismo y al sionismo? En esta realidad distópica tiene que haber un límite que nos haga repensar todo y ese límite debe ser el negacionismo.