VIOLENCIA QUE NO PARA

por Viviana Della Siega

El 8 de marzo las mujeres y disidencias sexogenéricas volvieron a habitar las calles de todo el país para expresar sus demandas. Este 2026 el eje fue el repudio a la reforma laboral de Milei que afecta especialmente a estos colectivos que tienen los trabajos más precarizados, los sueldos más bajos y que, ante cada ajuste deben soportar el peso de sostener un hogar -muchas veces monoparental- con escasos recursos y con ausencias cada vez más notoria por parte del Estado. La brecha salarial entre mujeres y varones ronda el 27% y 7 de cada 10 hombres no cumplen con la cuota alimentaria, así de fácil se desentienden de sus obligaciones como padres.

La lista de reclamos es muy larga porque la motosierra va cercenando derechos todos los días. Y la configuración de mujeres y  disidencias,  desde  el primer día de gobierno, como el enemigo a combatir ha generado un clima propicio para incrementar la violencia. Cuando desde la primera magistratura se habilita al odio y la discriminación, nos encontramos con manifestaciones que tiempo atrás, si bien existían, no se las consideraba políticamente correctas.

Hace años atrás, Kofi Annan, entonces Secretario General de la ONU, calificó la violencia contra las mujeres como una violación generalizada de los derechos humanos y la más vergonzosa y perversa del mundo. La denominó pandemia porque se extiende por todo el mundo y consideró que si se tratara de una enfermedad ya se habría inventado una vacuna.

Pero el problema radica que esta violencia se basa en el sistema patriarcal -sistema de opresión más antiguo y extendido del planeta- que se sustenta en el dominio masculino y se manifiesta en usos, costumbres, tradiciones, leyes, normas sociales y culturales, prejuicios, cuya transmisión se asegura de generación en generación.

Las mujeres no son el único colectivo subordinado a través de los tiempos, pero este control sobre sus cuerpos y sus vidas ha estado absolutamente naturalizado y sostenido por el discurso jurídico, religioso, médico y filosófico. Se considera como del orden de la naturaleza lo que en realidad son construcciones culturales que se han ido develando mediante los estudios de género. De allí la persecución y el negacionismo de esta perspectiva que ha puesto al desnudo un sistema injusto y discriminatorio.

La ley 26.485, sancionada en 2009, incluye los tres ámbitos donde puede ocurrir la violencia: el doméstico, el social o comunitario y el estatal.

La doméstica no limita a las parejas casada, sino que la extiende a todos los tipos de unión y vínculo, incluyendo el noviazgo, la convivencia y la unión de hecho. Asimismo el parentesco puede ser consanguíneo (padres, hermanos, tíos primos) o por afinidad (cuñados, suegros). Tampoco exige que vivan juntos en una misma casa.

El ámbito comunitario o social incluye las manifestaciones de violencia en el trabajo, la calle, los espacios públicos, como estadios, plazas y parques, así como la violencia a través de los medios de comunicación.

La violencia en el ámbito estatal remite a la violencia institucional realizada por funcionarios/as, profesionales, personal y agentes pertenecientes a cualquier órgano, ente o institución pública, que tenga como fin, retardar, obstaculizar o impedir que las mujeres tengan acceso a las políticas públicas.

Existen distintos tipos de violencia: física, psicológica, sexual, económica y patrimonial y simbólica.

La violencia psicológica es la que causa daño emocional y disminución de la autoestima o perjudica y perturba el pleno desarrollo personal, o que busca degradar o controlar sus acciones, comportamientos, creencias y decisiones, mediante amenaza, acoso, hostigamiento, restricción, humillación, deshonra, descrédito, manipulación o aislamiento. Incluye también la culpabilización, vigilancia constante, exigencia de obediencia o sumisión, coerción verbal, persecución, insulto, indiferencia, abandono, celos excesivos, chantaje, ridiculización, explotación y limitación del derecho de circulación o cualquier medio que cause perjuicio a la salud psicológica y a la autodeterminación.

Muchas de estas formas de violencia psicológica están tan naturalizadas que es común observarlas en lugares públicos, con la total indiferencia de los presentes. Generalmente precede a la violencia física, pero también puede ser letal.

La violencia sexual refiere a cualquier acción que implique la vulneración en todas sus formas con o sin acceso genital, del derecho de la mujer de decidir voluntariamente acerca de su vida sexual o reproductiva a través de amenazas coerción, uso de la fuerza o intimidación, incluyendo la violación dentro del matrimonio o de otras relaciones vinculares o de parentesco, así como la prostitución forzada, explotación, esclavitud, acoso, abuso sexual, trata de mujeres. La violación es la forma más grave de violencia sexual y el modo de ejercer la dominación sobre las mujeres consideradas como objetos o mercancías.

El acoso sexual en el empleo incluye una serie de agresiones desde molestias a abusos serios que pueden llegar a involucrar actividad sexual y se da entre personas que tienen asimetría de poder.

Loa patrones de violencia y discriminación contra las mujeres se agravan en tiempos de conflictos armados. Las mujeres se convierten en objetivo para castigar al grupo o comunidad que se considera enemigo.

La violencia económica y patrimonial se dirige a ocasionar un menoscabo en los recursos económicos o patrimoniales  de la mujer a través de : a) la perturbación de la posesión, tenencia o propiedad de sus bienes; b) la pérdida, sustracción, destrucción, retención o distracción indebida de objetos, instrumentos de trabajo, documentos personales, bienes, valores y derechos patrimoniales; c) la limitación de los recursos destinados a satisfacer sus necesidades o privación de los medios indispensables para vivir una vida digna; d) la limitación o control de sus ingresos, así como la percepción de un salario menor por igual tarea, dentro de un mismo lugar de trabajo.

La violencia simbólica se manifiesta a través de patrones estereotipados, mensajes, valores, íconos o signos que transmitan y reproduzcan dominación, desigualdad y discriminación en las relaciones sociales, naturalizando la subordinación de la mujer en la sociedad. Se ejerce a través de los medios de comunicación, las redes, en programas y en avisos publicitarios.

Constituye una violencia invisible, que es ejercida con el consenso y el desconocimiento de quien la padece. Puede ir disfrazada de chistes muy comunes y conocidos por todos. Crea hábitos a través de los que se desarrolla la reproducción cultural y la naturalización de determinados comportamiento y valores.

Hace unos años atrás desde el Instituto de Género, Derecho y Desarrollo (INSGENAR) observamos una publicidad de Renault en la que se veía una pareja que iba en un auto, de pronto la muchacha se evaporaba y el conductor seguía como si nada, feliz con su auto. Nos dirigimos directamente a la casa matriz en Francia para explicarles la herida que tiene Argentina con la desaparición de personas y rápidamente levantaron la publicidad. Nada es neutro y no hay que dejarlo pasar.

 En los últimos tiempos se ha sumado la violencia vicaria  que tiene como objetivo dañar a la mujer a través de sus seres queridos, especialmente de sus hijas e hijos, pudiendo llegar a terminar con la vida de éstos. Normalmente se ejerce sobre  menores de edad.

La violencia física es quizás la que pueda advertirse más fácilmente y presenta diferentes estadios de gravedad, siendo el asesinato su expresión más alta. Ese asesinato recibe el nombre de femicidio.

Se suele usar indistintamente femicidio y feminicidio como sinónimos, pero tienen significado diferente.

El término femicidio fue utilizado por la feminista Diana Russel en l976 ante el Tribunal Internacional de los Crímenes contra las Mujeres ante el Tribunal Internacional en Bruselas.

La antropóloga mexicana Marcela Lagarde opta por el término feminicidio porque entiende que femicidio es homicidio de mujeres mientras que el feminicidio nos indica un genocidio de mujeres y tiene una dimensión política en la medida que da cuenta de hechos de lesa humanidad. Concurre no solo la misoginia del patriarcado sino también la desidia del Estado que no procura los resortes necesarios para preservar sus vidas.

Por su parte, la antropóloga Rita Segato los define como crímenes de odio por el odio que genera la autonomía de las mujeres y como crímenes de poder.

Si nos detenemos en el ensañamiento que los genocidas de la dictadura militar demostraron hacia las mujeres podemos advertir -y esto lo señalaron feministas que se involucraron en los juicios de lesa humanidad porque antes la Justicia no lo había visto, porque sólo se puede “ver” cuando se analiza con perspectiva de género-  que se las quería castigar por subversivas pero también por atentar contra la idea de lo que debe ser una mujer, esto es, esposa y madre, dedicada al cuidado del hogar y la familia. O sea, eran doblemente transgresoras, por un lado, las mujeres militantes cuestionaban los valores sociales y políticos tradicionales y, por otro, rompían las normas que rigen la condición femenina.

Pero más allá del vocablo que se utilice, lo que da cuenta es que se trata de crímenes contra las mujeres por el sólo hecho de ser mujeres. Algo que no ha de sucederle a ningún varón. Nadie los asesina por ser hombres.

En 2012 se incorpora al Código Penal Argentino el femicidio no como figura independiente sino como agravante del homicidio. Establece que se impondrá reclusión o prisión perpetua al que matare: a su ascendiente, descendiente, cónyuge, excónyuge o a la persona con quien mantiene o ha mantenido una relación de pareja, mediare o no convivencia; b) al que matare por placer, codicia, odio racial, religioso, de género o a la orientación sexual, identidad de género o su expresión; c) A una mujer cuando el hecho sea perpetrado por un hombre y mediare violencia de género y d) Con el propósito de causar sufrimiento a una persona con la que se mantiene o ha mantenido una relación.

El 3 de junio de 2025, en la Marcha del Ni una menos- fecha instaurada en 2015 a raíz del asesinato de la adolescente Chiara Páez en Rufino en manos de su novio- Rosario se impactó ante una bandera con los nombres de 2967 mujeres asesinadas a lo largo de 10 años. De ellas, 427 eran de la provincia de Santa Fe.

A los pocos meses, para la marcha del 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la violencia contra las mujeres, tuvimos que agregar 145 nombre porque la cifra ya ascendía a 3112.

Entre enero y diciembre de 2025 se registraron 291 femicidios en Argentina.
39 ocurrieron en la provincia de Santa Fe y 20 en la ciudad de Rosario.

Alrededor del 60% de lo femicidios lo perpetra la pareja o expareja de la mujer.  En más del 80% de los casos la víctima conocía al agresor. El hogar, que se supone, es el lugar más seguro para una persona resulta ser el más peligroso para muchas mujeres.

Hay reflexiones recurrentes que se escuchan ante estas situaciones:

“Solo las mujeres ignorantes y sumisas son maltratadas”. Nos encontramos con violencia en todas las clases sociales y la han sufrido mujeres de todas las profesiones.

“Si se queda es porque le gusta que le peguen”. ¿Existe una imbecilidad mayor? ¿A quién le puede agradar ser maltratada? Hay mujeres que fueron criadas en la sumisión y en la salvaguarda de la familia a costa de sufrir todo tipo de vejaciones. No saben o no tienen donde ir. En este sentido el movimiento de mujeres ha generado redes formidables en los barrios que ayudan de una u otra manera a quienes padecen violencia. Justo es reconocer que, también gracias a la acción de organizaciones no gubernamentales y del feminismo se han generado dispositivos de contención desde el Estado. Dispositivos y programas que con preocupación vemos que se van desmantelando, a veces ni siquiera se eliminan pero se retraen todos los recursos para sostenerlos. La falta de autonomía económica también es un condicionante muy importante, más aún teniendo en cuenta que es la mujer quien se queda a cargo de hijos e hijas. Por otra parte, a la violencia física le precede la violencia psicológica que menoscaba la autoestima, que bloquea las salidas. Son situaciones difíciles y muy complejas porque la desvaloración y el maltrato proviene de alguien que ha sido querido, con quien se construyó (o se cree que se construía) un proyecto de vida. No es lo mismo denunciar a un ladrón que al padre de mis hijos.

“Los hombres son violentos por naturaleza” No se nace violento, eso es lo que enseña el patriarcado al valorar la virilidad en el sentido de agresividad, fuerza, poder. Cuántas veces hemos escuchado “eso no es propio de una niña”. Lo que no está bien en una niña no está bien en un niño. En los juegos, en los juguetes, en las expectativas que se ponen en unos y en otras se va enseñando cómo ser mujer o ser hombre, lo que se espera de cada quien. Hemos avanzado, pero todavía hay mucho sexismo en la educación, en los medios de comunicación, en el lenguaje.

El androcentrismo ha estado presente en la sociedad en todos los tiempos de distintas maneras, dentro de las cuales la forma lingüística sea quizás una de las más notorias. La lengua no sólo posibilita la interacción entre los hablantes de una comunidad sino que también es depositaria de su visión del mundo, de su pensamiento, de las diferencias que una determinada sociedad quiere hacer con respecto de las relaciones entre sus miembros y de la cultura en general.

 Es decir, los conceptos que encierra el lenguaje sirven para describir, encuadrar y comprender la realidad y, una vez fijados y establecidos, también afectan a la manera en que percibimos dicha realidad.

En un artículo de Fempress se caracteriza al español como “una lengua con una carga de más de mil años de patriarcado que impregna de menosprecio a las mujeres y a lo femenino”.

 “Los problemas de pareja son de índole privada”. En los años 70 el feminismo impuso el lema “lo personal es político” precisamente para señalar que la violencia doméstica -tal como se la denominaba entonces- era un problema de la sociedad y una violación a los derechos humanos. El derecho a una vida sin violencia es la aspiración de todo ser humano.

La Conferencia Mundial de Derechos Humanos de l993 en Viena significó un punto de inflexión importantísimo en el reconocimiento de que el Estado tiene la obligación de garantizar el ejercicio de los derechos también en la esfera privada y de que la violencia contra la mujer dentro del ámbito familiar constituye una violación a los derechos humanos.

Los artículos 7, 8 y 9 de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, conocida como Convención Belem do Para detalla claramente todas las obligaciones que tienen los Estados para prevenir y sancionar la violencia contra las mujeres.

Luego, y no es un tema menor, está el funcionamiento del aparato judicial. A pesar de las leyes, de la incorporación de las Convenciones Internacionales a la Constitución nacional, de las capacitaciones a funcionarios del poder judicial, de la Ley Micaela, de todo un inmenso trabajo que se ha realizado desde numerosas organizaciones, seguimos teniendo un cúmulo de fiscales, jueces y juezas que no incorporan la perspectiva de género y están impregnados de prejuicios que los llevan a sentencias bochornosas, a obligar a niños y niñas a revincularse a padres abusadores, a investigar más las costumbres y hábitos de la víctima que del victimario. Cada vez que esto sucede se está dando a la sociedad un mensaje nefasto y hace reconsiderar a las víctimas si vale la pena denunciar.

En muchos casos se produjo un femicidio sobre mujeres que habían denunciado una y otra vez. Los botones de pánico -cuando los entregan- son relativos cuando el femicida te espera a la vuelta de la esquina y no te da tiempo de reaccionar. Una bala es más rápida que el patrullero que podría llegar al escuchar el botón.

Los estereotipos de género, la visión androcéntrica y el sistema patriarcal impregnan todo el aparato judicial. Ante un caso de violación aún hoy se sigue valorando la resistencia que presentó la víctima, la credibilidad de la víctima, los antecedentes de la víctima.

Cuando se quiere minimizar estos problemas se recurre a la frase, “hubo casos de mujeres que han mentido y acusado a un inocente”. Sí, es verdad, pero el porcentaje es bajísimo. Para eso está la investigación, la recolección de pruebas. De allí viene “yo te creo hermana”. Hay mujeres que se animaron a denunciar y no obtuvieron la menos reparación. Y por otro lado tenemos casos donde la justicia ha sido más que benévola con los femicidas, encontrando atenuantes donde no los había.

El exministro de la Nación, Mariano Cúneo Libarona, aseguró en varias oportunidades la decisión del gobierno de eliminar la figura del femicidio del Código Penal, afín con lo expresado por el Presidente Javier Milei en Davos en cuanto “el feminismo es una distorsión del concepto de igualdad que únicamente busca privilegios a una mitad de la población en contra de la otra”.

Lo que ha hecho precisamente el feminismo para poder analizar, explicar y cambiar las desigualdades latentes entre mujeres y hombres es desarrollar cuatro conceptos fundamentales: androcentrismo, patriarcado, sexismo y género.

La naturalización de la supremacía del hombre sobre la mujer, la mirada masculina como medida de todas las cosas y representación global de la humanidad omitiendo la existencia de las mujeres como iguales ha provocado a lo largo de la historia la invisibilidad de las mujeres.

Sobran los ejemplos y frases célebres de “hombres ilustres” que cuestionan la capacidad de las mujeres.

Desde el Génesis se sentencia “Estarás bajo la potestad de tu marido y él te dominará”.

Santo Tomás de Aquino expresa “Tal y como dicen las escrituras, fue necesario crear a la hembra como compañera del hombre, pero compañera en la única tarea de la procreación, ya que, para el resto, el hombre encontrará ayudantes más valiosos en otros hombres y a ella sólo la necesita para ayudarlo en la procreación”.

En criollo, si no fuéramos capaces de ser madres bien podrían habernos borrado el mapa.

El padre de la sociología, Augusto Comte, afirmó muy suelto de cuerpo que “Las mentes de las mujeres son indudablemente menos capacitadas que las nuestras para realizar generalizaciones de amplio alcance, menos capaces para realizar un esfuerzo intelectual abstracto”.

Rousseau aseguraba que “El destino especial de la mujer consiste en agradar al hombre, el mérito del varón consiste en su poder y sólo por ser fuerte agrada”. Escaso y aburrido deber nos atribuía.

Napoleón no tenía mejor concepto “Ellas son de nuestra propiedad, nosotros no somos de ellas. Ellas nos pertenecen de la misma forma en que un árbol que tiene frutas pertenece al agricultor, qué idea loca esta de exigir igualdad para las mujeres”.

¿Cuántas escritoras debieron ocultarse tras un seudónimo masculino para poder ver publicadas sus obras?

¿Cuántas científicas vieron su trabajo escamoteado o sus nombres prácticamente borrados de la historia? Hagamos el ejercicio de nombrar a mujeres científicas.

Desde  Hipatía, astrónoma, filósofa y matemática que terminó despedazada por una turba de cristianos en el 415 d.C.

Marie Curie, pionera en el estudio de la radioactividad, a quien, a pesar de ganar un Premio Nobel, le negaron su ingreso a la Academia de Ciencias.

Sophie Germain, matemática francesa cuyos desarrollos sobre la teoría de la elasticidad fue robada por hombres que publicaron sus resultados. En la torre Eiffel hay un listado de científicos franceses, pero ella no figura a pesar de que sus trabajos fueron la base de las técnicas que permitieron construir la torre.

Mileva Moric, la esposa de Einstein, colaboradora en sus trabajos más importantes pero no figura como coautora, aunque muchos aseguran que las ideas más importante eran de ella.

Sofía Kovalevsaya, matemática rusa a quien no dejaban doctorarse pese a que tenía material para tres tesis. Finalmente lo logró, siendo la primera doctora en Matemáticas, en 1874, aunque no le permitieron exponer la defensa pública

Todos y todas aprendimos que el lema de la Revolución Francesa fue libertad, igualdad y fraternidad. Pero…la igualdad solo llegaba a los hombres porque cuando Olympe de Gouges propuso la Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana como respuesta a la Declaración de los derechos del hombre y el ciudadano terminó en la guillotina.

Todos y todas aprendimos y repetimos que el voto en la Argentina era universal, secreto y obligatorio, ¿cuán universal cuando la mitad de la población -las mujeres- estuvieron excluidas hasta la ley 13.010 de l947, conocida como ley Evita que las habilitó para elegir y ser elegidas, estrenando su ciudadanía el 11 de noviembre de l951?

En nuestro país hasta 1926, cuando se aprueba la ley 11.357 de Derechos Civiles de la mujer, una fémina no podía enajenar, donar, hipotecar o adquirir bienes a título gratuito u oneroso sin venia marital o judicial. Con esta reforma del Código Civil se autoriza a las casadas a  ejercer profesión, empleo, comercio o industria administrando y disponiendo libremente de su producción.

Cada derecho tuvo que ser conquistado, venciendo prejuicios y estereotipos de género que quedaron en evidencia en muchos de los debates parlamentarios, siempre bajo la premisa de que la mujer no sabe, no puede, no está preparada, no tiene criterio, o su cerebro es más chico que el del hombre.

La última conquista ha sido la legalización del aborto, es decir, la decisión sobre su propio cuerpo, la posibilidad de elegir maternar o no. Prohibir que una mujer pueda decidir sobre lo más íntimo y privado que es el cuerpo era el último bastión del patriarcado. Por eso es que circula, cada tanto, la idea de derogar esta ley. De hecho aún no se han animado pero se la vacía no enviando los insumos necesarios a los efectores de salud u obstaculizando de diversas maneras el acceso a este derecho.

Los privilegios de los que habla Milei han sido históricamente de los hombres, la igualdad lograda tan dificultosamente por las mujeres y por las disidencias sexogenéricas es el resultado de luchas, perseverancia, el logro de leyes de discriminación positiva -un concepto imposible de entender por un conservadurismo negacionista de la historia- y una pedagogía que miles y miles de mujeres han realizado con paciencia infinita. Y debemos seguir haciendo porque si algo tenemos claro es que nuestros derechos nunca están del todo asegurados. Cualquier cambio de escenario puede arrebatárnoslos. Y eso es precisamente lo que se pretende en estos tiempos tan aciagos.

Nos reconocemos como las hijas de los pañuelos blancos y las madres de los pañuelos verdes y, revigorizadas con la energía de una juventud que se suma a la lucha por la igualdad y una vida libre de violencia, no habremos de retroceder.