LA DEMOCRACIA EN EL TABLERO DE AJUSTE: HACIA UN SISTEMA DE ÉLITES Y MERCADOS

por Marcelo Lewandowski

La reforma electoral impulsada por el actual gobierno nacional no puede analizarse únicamente como un cambio administrativo o una búsqueda de “modernización” técnica. Se trata, en cambio, de una redefinición profunda del sistema político argentino, orientada a concentrar el poder, debilitar la representación popular y mercantilizar la competencia democrática. Bajo una metodología ya conocida —señalar defectos, instalar la idea de mal funcionamiento y desmantelar—, el objetivo actual es el corazón del sistema: los partidos políticos y el mecanismo electoral.

Los partidos políticos no son un obstáculo.

El diagnóstico oficial presenta a los partidos como estructuras inútiles, costosas y responsables de una «anomalía» de fragmentación. Sin embargo, esta visión ignora que nuestra Constitución Nacional los define expresamente como “instituciones fundamentales del sistema democrático”.

Los partidos no son un obstáculo, sino la condición básica de funcionamiento de la democracia. Reflejan una tradición asociativa profundamente argentina, presente en clubes de barrio, mutuales y cooperativas. Al endurecer drásticamente los requisitos de existencia y aumentar los pisos electorales, la reforma no busca «ordenar», sino crear un esquema cerrado donde solo sobrevivan las fuerzas con grandes recursos financieros o estructuras territoriales preexistentes, restringiendo la pluralidad política. Si existen incumplimientos, la respuesta debe ser fortalecer los controles, no ahogar al sistema completo.

Las PASO son una herramienta útil y necesaria

La eliminación definitiva de las PASO representa uno de los retrocesos más graves del proyecto. Mientras el gobierno invoca el «ahorro», omite que estas son una herramienta de construcción política que permite legitimar candidaturas y transparentar disputas internas.

En provincias como Santa Fe, las PASO han demostrado fortalecer los espacios y dar más poder de decisión a la ciudadanía. Su supresión devuelve el control total de las candidaturas a las cúpulas partidarias —la famosa “lapicera”—, exactamente lo contrario de lo que el discurso oficial dice combatir.

Además, este cambio favorece el hiperpersonalismo y los liderazgos mediáticos. Al eliminarse las instancias colectivas de competencia, el sistema se desplaza hacia campañas de marketing político en detrimento de los programas y las identidades partidarias.

¿Queremos una democracia plural o un sistema concentrado en el dinero privado?

La reforma avanza hacia una liberalización del financiamiento político privado, habilitando una lógica de mercado dentro de las campañas. Esta es una transferencia directa de poder hacia quienes ya concentran la riqueza.

El financiamiento público no es un privilegio; es la garantía de igualdad de condiciones para que cualquier ciudadano pueda competir independientemente de su bolsillo. La experiencia internacional es clara: cuando las campañas dependen del dinero privado, la desigualdad económica se traduce rápidamente en desigualdad política, otorgando ventajas desproporcionadas a los candidatos con respaldo empresarial frente a quienes representan a sectores populares o minoritarios.

Conclusión: La soberanía no cabe en una planilla de Excel

El argumento del «ahorro» no resiste análisis, pues el costo de la participación es mínimo frente a los riesgos de perder representación. La democracia no puede evaluarse con la lógica de un contador.

A esto se suma un retroceso en la integración regional al intentar suspender la elección directa al Parlamento del MERCOSUR, priorizando un «seguidismo» exterior sobre el derecho a la integración regional. Modificar estas reglas estructurales en vísperas de una elección y en un contexto de desgaste económico genera sospechas legítimas sobre un intento de mantenerse en el poder a cualquier precio.

La discusión de fondo es sencilla: ¿queremos una democracia participativa y plural, o un sistema reducido y dependiente del dinero privado? Defender las instituciones es, hoy más que nunca, defender la soberanía del voto frente al avance del mercado.

Marcelo Lewandowski es Senador Nacional por Santa Fe