La destrucción de ARSAT y la pérdida de soberanía en telecomunicaciones

El riesgo de otra vuelta a la receta privatizadora con el mismo resultado

por Mariano Goñi

A 20 años de su fundación, la empresa atraviesa su peor momento: Fuga de personal altamente calificado por la estrepitosa caída en los salarios, proyectos esenciales suspendidos desde hace años, desinversión y el riesgo certero de perder posiciones satelitales, un cóctel que resulta en la pérdida de soberanía y capacidades estratégicas. Un modelo exitoso de gestión pública pionero en la región, ante el riesgo de repetir la historia.

En paralelo al escándalo judicial que involucra al expresidente de la empresa, Facundo Leal —detenido por presuntas irregularidades en el marco de una causa no exenta de escándalos mediáticos y políticos—, la empresa atraviesa un proceso de desfinanciamiento estructural. Ese vaciamiento, sostenido y político, es el que pone en riesgo veinte años de un modelo de gestión pública que inició un camino que luego fué imitado por otros países Latinoamericanos.

ARSAT fue fundada por el Estado nacional en 2006 como consecuencia directa del fracaso del proceso de privatización de las telecomunicaciones llevado adelante durante la década de 1990. En ese esquema, las posiciones orbitales geoestacionarias asignadas a la Argentina por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) —ubicaciones fijas a aproximadamente 35.786 km de la Tierra que permiten prestar servicios de televisión, telefonía y transmisión de datos— debían ser ocupadas y explotadas por la empresa privada NAHUELSAT, un consorcio integrado mayoritariamente por capitales alemanes, franceses e italianos.

Sin embargo, NAHUELSAT no realizó las inversiones comprometidas entre 1993 y 2000, lo que debilitó su capacidad operativa y financiera. Ésta situación se agravó tras la crisis económica de 2001, dejando a la empresa en un estado de quiebra técnica que se prolongó durante los años siguientes. Como consecuencia, hacia 2004 la Argentina enfrentaba un riesgo concreto de perder sus posiciones orbitales ante la UIT por falta de ocupación efectiva.

Frente a este escenario, y con el objetivo de preservar un recurso estratégico del Estado, el gobierno de Néstor Kirchner tomó la decisión política de crear una empresa pública, que se materializó en 2006 con la fundación de ARSAT. Las posiciones orbitales, son “ubicaciones espaciales” para “colgar” satélites, consideradas infraestructura crítica de las naciones y un recurso soberano no delegable.

ARSAT, un modelo exitoso de gestión estatal pionero en la región

Si miramos a la región, la empresa fué pionera anticipándose a operadores satelitales en Brasil -Telebras se funda en 2012 y asume control satelital recién en 2017- o México dónde TelecomM comenzó a usar posiciones satelitales recién en 2013, En ambos casos la experiencia Argentina fué determinante. En el lugar opuesto, países como Chile o Colombia no cuentan con posiciones orbitales y dependen de empresas extranjeras para operar comunicaciones satelitales. Resulta interesante que éstos países en los últimos años han comenzado a plantear  la necesidad de desarrollar capacidades espaciales propias y a identificar como problema estructural la ausencia de visión/infraestructura espacial, desarrollando marcos estratégicos estatales que promueven autonomía tecnológica espacial.

ARSAT tiene para mostrar un modelo altamente exitoso: Evitó la pérdida de soberanía orbital, ejecutó proyectos que el sector privado no pudo, creó capacidades tecnológicas nacionales impulsando a INVAP y a la cadena industrial local, generó ingeniería, empleo calificado con transferencia tecnológica y permitió que Argentina integre el reducido club de países que fabrican y operan satélites geoestacionarios. Vende servicios satelitales, de telecomunicaciones y de datos, tanto en el mercado interno como externo, lo que la convierte en una empresa pública con ingresos propios y generación de divisas.

La pulseada comercial y geopolítica, también en el espacio

En los últimos 20 años, la transformación de la industria satelital fue exponencial: en 2006 se estimaban unos 2.300 satélites en órbita y, a fines de 2025, ese número trepaba a alrededor de 15.000. El crecimiento del mercado satelital mundial demuestra que la decisión de Argentina de fundar una empresa estatal de servicios satelitales no solo fue estratégica sino, sin riesgo de exagerar, visionaria. El mercado satelital se ha convertido en un terreno de disputa: desde el lanzamiento de Starlink —empresa del polémico tecnomagnate Elon Musk, con 9.370 satélites de órbita baja desplegados y el objetivo de alcanzar los 15.000— hasta el Estado chino, que cuenta con unos 1.500 satélites en órbita y proyecta dos megaconstelaciones, Guowang (≈13.000 satélites planificados) y Qianfan/G60 (≈14.000). Si se suman las iniciativas de la Unión Europea y de otros países, resulta sencillo concluir que el espacio se ha transformado en un hervidero en el que la disputa por las capacidades satelitales es asimilable a otras batallas de la geopolítica actual, como las vinculadas a las tierras raras, la electromovilidad, etc.

La destrucción del desarrollo de las capacidades satelitales, parte de un todo

El vaciamiento a la ciencia y la tecnología perpetrado por el gobierno libertario son el marco en que se inscribe el vaciamiento de ARSAT, que a todas luces responde a un decisión que es eminentemente política más que económica. Ante una empresa modelo en la región, que no solo tiene balances superavitarios sino que también ingresa divisas, el desfinanciamiento y el vaciamiento se quedan sin las excusas típicas que los proyectos neoliberales esgrimen para justificar frente a la sociedad la destrucción y el vaciamiento de activos públicos.

Mientras Starlink y las megaconstelaciones chinas se disputan el cielo satélite por satélite, Argentina discute si vale la pena seguir teniendo uno propio. La pregunta no es técnica ni económica: es si un país que ya demostró que podía fabricar, lanzar y operar sus propios satélites está dispuesto a volver a depender de otros para hacerlo. La historia de Nahuelsat ya nos dio la respuesta una vez.

Mariano Goñi es titular de INSAT (Empresa de Internet Satelital) y secretario de tecnología de APYME