PARAGUAY

por Daniel Silber

Nuestro vecino litoral, con quien compartimos ríos y selvas, es un país sufrido. En poco menos de un siglo, sufrió dos cruentas guerras: la de la Triple Alianza ((1864-1870) y la del Chaco ((1932-1935) y además las salvajes dictaduras de Higinio Morínigo (1940-48) y Alfredo Stroessner (1954-89), que, en la práctica lo convirtieron en una semicolonia o protectorado bajo los intereses de los oligarcas brasileños.

La Guerra de la Triple Alianza fue el conflicto bélico más sangriento de América Latina, que enfrentó a la alianza de Argentina, Brasil y Uruguay contra Paraguay, provocada por la codicia británica, que no podía soportar que no se abriera el mercado guaraní a sus productos. La contienda resultó en una devastación sin precedentes para Paraguay, que perdió gran parte de su territorio y a más de la mitad de su población. La Guerra del Chaco fue un conflicto armado entre Bolivia y Paraguay por el control de la región del Chaco Boreal, donde se decía que había grandes yacimientos de petróleo y que fue promovida por las grandes empresas petroleras: la estadounidense Stándard Oíl (Esso, hoy Exxon) controlaba la extracción de petróleo en Bolivia; por su parte la Royal Dutch Shell -británico/holandesa- dominaba el suministro paraguayo. El conflicto que dejó cerca de 100.000 muertos, finalizó con la victoria (¿?) de Paraguay y concluyó oficialmente con el Tratado de Paz, Amistad y Límites/1938, promovido por Saavedra Lamas, canciller de nuestro país (quien recibió el Premio Nobel de la Paz por esas gestiones /1936)

Junto con la Guerra del Pacifico (entre Chile y la Confederación Peruano-Boliviana por el control de ricos yacimientos de salitre y guano en el desierto de Atacama), fueron los conflictos bélicos mas dolorosos y sangrientos de nuestra Sudamérica.

Respecto del futbol, la Guerra del Chaco tuvo una particularidad que nos atañe: Arsenio Erico.

Allá por 1930, Erico jugaba en las inferiores del club Nacional, uno de los grandes clubes. Un día, cuando listo para ver el juego de los mayores, el técnico de Primera División lo llamó para jugar de marcador de punta izquierda. Así, con 15 años, sorpresivamente, debuta en Primera. Dos años después, cuando ya era como titular indiscutido en la delantera de Nacional, comenzó la guerra en el Chaco. Originada la guerra, un sentimiento patriótico inundó la sociedad paraguaya y la gran mayoría de los jóvenes en edad de ser alistados se presentaron voluntariamente para ir a combatir, pero miles de jóvenes paraguayos y bolivianos eran tragados por el monstruo de la guerra. Ambos bandos sufrían graves pérdidas por la falta de agua, las altas temperaturas y las enfermedades. La batalla por el fortín Boquerón (septiembre 1932) fue un triunfo moral y táctico paraguayo; fueron 20 días de asedio y la propaganda oficial festejó como el comienzo del triunfo final para entusiasmar a la población y facilitar su movilización para la defensa de la patria. La guerra era extremadamente violenta; cosechaba vidas y más vidas. En poco tiempo, los jóvenes amigos y vecinos de Erico que marcharon al combate volvían heridos, mutilados o muertos. Ante esa tragedia cotidiana, Arsenio se presentó a la convocatoria y se alistó para marchar a los espinosos cañadones chaqueños, donde se desarrollaban las acciones bélicas. Tenía 17 años, aún era adolescente, pero buscaba una manera de servir a su patria. En la Escuela de Aspirantes para Oficiales de Reserva de Paraguarí hizo una breve instrucción y se embarcó en el vapor Tacuary para ir a Puerto Casado, donde completaría su formación para luego, en un trencito de trocha angosta, marchar al frente. Según algunas fuentes y con algo de leyenda urbana, fue un alto jefe militar, que lo conocía como jugador de fútbol, quien lo distinguió en Puerto Casado. Al verlo y enterado de sus habilidades, le contó que, si quería servir de alguna manera al Paraguay, había otra manera de hacerlo en realidad y no yendo al campo de batalla. Esa otra forma era integrar un combinado de futbolistas para una gira por Argentina y Uruguay para recaudar fondos para la Cruz Roja Paraguaya, que desde el principio de la contienda atendía a los heridos en el teatro de operaciones chaqueño.

Ya en Argentina, en el partido entre el equipo de la Cruz Roja Paraguaya y River Plate, Erico asombró al público y a los directivos de River Plate e Independiente, allí presentes. Apenas finalizó el cotejo, el presidente de Independiente se acercó a Erico y le propuso contratarlo. Este agradeció la oferta, pero le informó que había un obstáculo serio: Paraguay estaba en guerra con la hermana república de Bolivia, que él estaba prestando servicio como conscripto aspirante en la Escuela de Sub Oficiales, y que si aceptaba un compromiso en el exterior, sin el permiso de sus superiores, sería tomado como desertor. Velozmente los negociadores del Rojo viajaron a Asunción y en poco tiempo lograron que el Ministerio de Defensa Nacional, «por los extraordinarios servicios prestados» conceda “un Permiso Especial y la Libreta de Baja al joven deportista Arsenio Erico”, para que se vincule al club argentino. La operación entre Erico e Independiente se realizó en abril de 1934. Poco después, Erico marchó a Buenos Aires y se sumó al nuevo club -donde fue figura durante mucho tiempo-, pero antes pasó por la sede de la Cruz Roja Paraguaya para donar íntegramente los 5.000 pesos que su nuevo club le había adelantado como prima.