RATTIN, MARADONA, LA PELOTA Y LA ALFOMBRA DE LA REINA

por Gabriel N. Barceló

Es raro que no se haya mencionado, ni siquiera en las redes, porque es más que pertinente. Quizá sea porque ahora los sospechosos de aprovecharnos de la voluntad de los “poderes fácticos” somos nosotros.

En el partido del 11 de julio, contra Suiza, el equipo argentino, incluso el DT, jugó con un brazalete negro. El luto era un homenaje a Antonio Ubaldo, Rattin, fallecido ese mismo día.

Rattin fue un dotado volante de Boca, muy alto y fuerte, seleccionado para el equipo argentino para el mundial /66, en Londres.

El mundo tenía todavía presente la construcción, en 1961, del Muro de Berlín y los poderes fácticos de la época, sin duda, preferían el lucimiento de las selecciones de Alemania y Gran Bretaña (Estados Unidos no existía futbolísticamente) al de los equipos latinoamericanos que quedaban, Argentina y Uruguay, ya que Brasil ya había sido eliminado.

 Además, el mundial del /62, en Chile, había sido designado como el más violento de la historia, con 5 fracturados, muchísimos lesionados y en el cual el partido Chile – Italia había sido denominado por la prensa “La Batalla de Santiago”. La revolución cubana estaba en su apogeo, la crisis de los misiles todavía cerca. El “Salvajismo” latinoamericano era más que útil a un Occidente que no paraba de crecer económicamente, de hostigar a la Unión Soviética y de velar por el alineamiento obediente del resto del “patio trasero” estadounidense.

En ese marco, los dos partidos por cuartos de final no podían ser más significativos: Uruguay- Alemania y Argentina – Grán Bretaña. Quiso el destino que los árbitros fueran respectivamente un inglés y un alemán.

Los partidos se jugaron casi simultáneamente, Uruguay perdió, y, en Argentina – Gran Bretaña, en Wembley, en el minuto 35 del primer tiempo, Rattin, como capitán de su equipo, intentó consultar al alemán por una falta que había cobrado a Perfumo, el árbitro dijo haber sido insultado y lo expulsó.

De nada valió discutir el fallo. Rattín, luego de unos minutos de resistirse, fue acompañado por un ayudante hacia afuera del campo.

De pasada se limpió una mano estrujando una banderea británica que lucía, orgullosa, como banderín del corner. Y luego caminó y se sentó en la alfombra roja que estaba dispuesta casi hasta el campo de juego para que caminara la reina. Y se quedó ahí, con su mejor cara de distraído, mirando el partido, hasta que fue convencido de retirarse.

Argentina perdió 1 a 0.

Esta anécdota debiera recordarse cada vez que repasamos el gol de “la mano de Dios”, para entender por qué se suele decir que fue como “robarle la billetera a un carterista”, sin olvidar que, minutos después, el gran Diego convertiría el “gol del siglo”, como para que no se pudiera decir que todo quedaba en punguismo.

Ahora se dice que la selección argentina goza del apoyo de los actuales “Poderes Facticos”. Si fuera cierto, no sería, solamente, por el negocio que significa la presencia de Messi en el campo. También porque a esos poderes esperan que unos argentinos contentos reelijan, el año que viene, a su adalid en la presidencia.

Pero este no debiera ser argumento para olvidar la anécdota de Rattin porque, como dijo el reconocido filósofo argentino ya mencionado “Ut Supra”, don Diego Armando, que hacía filosofía como jugaba, por medio de arranques espontáneos de genio: “la pelota no se mancha”, y en los últimos 12 minutos del partido contra Egipto, por ejemplo, lo que hubo fue una magnifica exhibición de talento impulsado por una feroz voluntad de vencer a la adversidad. Virtudes ambas que los argentinos vamos a necesitar en los meses próximos, si queremos seguir existiendo como País.