Ciclos históricos, soberanía y la revolución de la inteligencia artificial en Argentina
por Luciano Rey Zapata
El profesor Jiang Xueqin, académico chino-canadiense formado en Yale y creador del canal Predictive History, llama “historia predictiva” a la idea de que los grandes ciclos civilizatorios se repiten con suficiente regularidad como para anticipar el futuro. Su método combina análisis estructural de patrones históricos, teoría de juegos y psicología colectiva, con una exigencia poco común en el género: sus predicciones deben ser falsificables. La premisa es simple pero poderosa: la historia no se repite, pero rima. Argentina, en este primer cuarto del siglo XXI, parece estar en medio de una de esas rimas.
El ciclo del siglo XIX: libre comercio, protección y la soberanía de los ríos
Mientras la Revolución Industrial transformaba la economía mundial, Argentina debatió su modelo de desarrollo. Rivadavia abrazó el liberalismo británico: apertura comercial, importación de manufacturas, en desmedro de las producciones regionales. Juan Manuel de Rosas aplicó la Ley de Aduanas de 1835 para proteger la industria nacional y fortalecer a las provincias. Centralizó el poder desde Buenos Aires con apoyo de los caudillos federales —entre ellos Estanislao López, de Santa Fe—, aunque nunca avanzó en una constitución: una figura históricamente debatida, pero efícaz frente a la presión externa. Esa presión tuvo un nombre concreto: el control del río Paraná. En 1845, la escuadra anglofrancesa intentó remontarlo con casi cien buques para forzar la libre navegación. En Vuelta de Obligado hubo derrota militar argentina. La historia oficial portocéntrica construyó ahí su efeméride. Pero la campaña no terminó en Obligado: el 4 de junio de 1846, en la Angostura de Punta Quebracho —hoy Puerto General San Martín, Santa Fe—, las baterías de Mansilla hundieron seis buques mercantes y pusieron en fuga al resto. El 13 de julio, Gran Bretaña y Francia reconocieron la soberanía argentina sobre los ríos interiores. La guerra del Paraná terminó en victoria. Que esa victoria lleve nombre santafesino explica, quizás, por qué la historia oficial prefirió recordar la batalla perdida y olvidar la ganada.
La batalla que nunca terminó
El sitio exacto donde Mansilla derrotó a la flota anglofrancesa en 1846 está hoy dentro del predio de la empresa Cargill, que compró el terreno para exportar libremente por el mismo río. La cruz conmemorativa fue removida por la empresa. El Estado recuperó una pequeña parcela recién en 1999, mediante la Ley Nacional 25.088.
No cambiaron los actores. Cambió el uniforme. Antes eran fragatas inglesas y francesas. Hoy son terminales de Cargill, Bunge, ADM y Dreyfus apostadas sobre las mismas barrancas del Paraná. El corredor fluvial del Up River rosarino —con sus treinta terminales portuarias— concentra más del 80% de las exportaciones agroindustriales argentinas. En el acto por el 180° aniversario de Punta Quebracho, en junio de 2026, el gobernador Maximiliano Pullaro dijo parado sobre esas mismas barrancas: “Hoy la soberanía no se defiende con ejércitos, se defiende viendo este río sacar la producción de la República Argentina”. Sin saberlo, estaba a metros del predio de Cargill.
La espiral del siglo XXI: Milei, Kicillof y la IA como telón de fondo
Hoy, sobre el telón de la Revolución de la Inteligencia Artificial —que avanza a un ritmo más vertiginoso que la propia Revolución Industrial—, Argentina vive una disputa estructuralmente similar. El gobierno de Milei adoptó una política de libre comercio radicalizada: las importaciones sin control golpean la industria nacional y son muy pocos los sectores que se benefician, mientras la mayoría de la población enfrenta recesión con estanflación. Axel Kicillof, en su segundo mandato al frente de la provincia de Buenos Aires, impulsa políticas diametralmente opuestas, tensando la relación entre ambos poderes en un eco conocido.
El eje estratégico que subyace excede la polémica coyuntural. Argentina es el tercer exportador mundial de soja y sus derivados, el cuarto de maíz, y uno de los grandes proveedores globales de trigo, carne y aceites. En un mundo donde la producción alimentaria será crecientemente escasa por el cambio climático y el crecimiento demográfico, esa capacidad es un activo de primer orden. China absorbió en 2025 el 96% de la carne bovina congelada exportada por Argentina y el 77% del carbonato de litio, con exportaciones totales que alcanzaron casi 9.800 millones de dólares. Esa codependencia es poder negociador, si se la ejerce con inteligencia estratégica.
¿Qué liderazgos para este momento?
Siempre los periodos de gran transformación tecnológica generan crisis energéticas, reordenamientos de poder global y el surgimiento de nuevos liderazgos. Así como la máquina a vapor determinó la caída de algunos imperios y el ascenso de otros, la IA ya está redibujando las hegemonías mundiales. Para Argentina, la pregunta es urgente: ¿qué modelo y qué liderazgos necesitamos para no quedar relegados?
La analogía histórica tiene sus límites, pero ofrece herramientas. Kicillof fue pieza clave en la recuperación de YPF, central para la soberanía energética. La provincia de Buenos Aires, con el respaldo de otras provincias —como ocurrió en Punta Quebracho—, podría convertirse en la punta de una nueva lanza federal. Si la historia rima, deberá probarse el traje de líder nacional en tiempos convulsionados.
En la era de la IA, defender la soberanía, proteger la industria, custodiar los ríos y fortalecer las economías regionales no son ideas del pasado: son condiciones del futuro. Revisar los ciclos históricos no es nostalgia. Es brújula.


