TRASCENDIDOS YANQUIS Y MILEÍSMO EN MODO GALTIERI

por Guillermo Carmona

Lo primero que hay que tener en cuenta sobre este trascendido es que EEUU nunca ha reconocido la soberanía británica sobre Malvinas. Sólo reconoce el ejercicio de un poder de facto por parte del Reino Unido en las islas. Por lo tanto, el título de la noticia es inexacto. No queda claro entonces cuál sería el cambio en la política exterior estadounidense al respecto. El mismo día en que tras fue difundido por Reuters el supuesto trascendido del Pentágono (Ministerio de defensa), el Departamento de Estado (responsable de la política exterior) ratificó la posición de neutralidad norteamericana. La versión parte de afirmaciones inexactas y genera confusión.

Hay que tener en cuenta que, ajustándose a ese criterio, EEUU acompañó desde el 2020 la declaración de la OEA que llama a una resolución negociada entre la Argentina y el Reino Unido de la cuestión de la soberanía. Eso fue leído como una posición de cierta neutralidad estadounidense respecto de la cuestión de la soberanía, un paso importante pero no suficiente.

En cambio, los países latinoamericanos, China y Rusia, entre otros, reconocen la soberanía Argentina sobre Malvinas. Esto es lo que tenemos que conseguir que haga EEUU si realmente quiere ayudar.

Para ser más claro aún: lo único que cambiaría esencialmente la situación e implicaría un avance significativo sería la explícita declaración de EEUU de que las Malvinas son argentinas, instando y presionando al Reino Unido a sentarse en la mesa de negociaciones con la Argentina. Las gestiones diplomáticas que nuestro país ha sostenido en las últimas décadas han estado orientadas a lograr ese objetivo.

La Cancillería Argentina debería tener una posición extremadamente clara al respecto:

1. buscar que EEUU se manifieste en favor de la soberanía Argentina y rechace la ocupación ilegal británica;

2. reafirmar que la cuestión Malvinas involucra sólo a Argentina y el Reino Unido y, por lo tanto, los buenos oficios de cualquier Estado deben estar orientados a facilitar las negociaciones entre las partes involucradas, sin terceras partes que desnaturalicen la cuestión.

Sin lugar a dudas y como lo he sostenido desde hace tiempo, los escenarios internacionales convulsos (como el que hoy vive el mundo) son propicios para la creación de nuevas oportunidades en relación con la cuestión Malvinas. Pero para ello es necesaria una política exterior asertiva, flexible y con capacidad de maniobra.

Depositar todas las expectativas en el alineamiento automático e incondicional con un par de países no contribuye ni contribuirá a lograr ese objetivo.

Frente a este escenario, el alicaído gobierno de Milei viene intentando instalar socialmente la idea de que EEUU nos ayudará en la cuestión Malvinas rompiendo su alianza eterna con Gran Bretaña.

La política exterior del mileísmo entra así en ‘modo Galtieri’, posición que entraña el peligro de repetir una perspectiva sobre la posición de Estados Unidos que terminó teniendo un impacto negativo para la Argentina.

Como en 1982, hay una fuerte tentación de utilizar Malvinas para tapar problemas internos. Si queremos aprovechar las fisuras entre EE.UU. y Gran Bretaña, debemos aprender de la historia y no repetir los errores de la dictadura, en la que el desgobierno mileísta se referencia demasiado a menudo.