DEBILITA A LA ARGENTINA Y PONE EN RIESGO AL MERCOSUR
por Gabriel Fuks
La firma del llamado Acuerdo recíproco de comercio e inversión entre los Estados Unidos y la República Argentina abre interrogantes que no pueden ser ignorados. No se trata solamente de un entendimiento comercial: es una decisión política que puede condicionar el futuro productivo del país, afectar a las economías regionales y debilitar uno de los principales activos estratégicos de la Argentina en el mundo: el MERCOSUR.
En ese marco, presenté un proyecto de resolución para que el PARLASUR advierta sobre el riesgo que implica este acuerdo y exija información completa sobre su alcance y sus consecuencias.
El problema de fondo es la asimetría, pero también algo más grave: nuestras economías no son complementarias, son competitivas. Estados Unidos no busca integrarse productivamente con Argentina, sino disputar mercados, imponer condiciones y consolidar ventajas. Presentar este acuerdo como una oportunidad histórica es, en realidad, una apuesta riesgosa que puede pagarse con industria nacional, empleo y desarrollo.
Las economías regionales de nuestras provincias pueden ser las primeras afectadas. Sectores agroindustriales, cadenas de valor locales, pymes y producciones que requieren políticas activas quedan expuestas frente a una competencia desigual. Lo que el Gobierno vende como apertura puede convertirse rápidamente en una amenaza para el interior productivo del país.
Además, hay un dato político insoslayable: lo único visible hasta ahora en esta agenda bilateral es el acuerdo firmado el día anterior sobre tierras raras. Argentina está abriendo puertas estratégicas sin debate público, sin control institucional y sin que se sepa con claridad hacia dónde conducen. Ese movimiento tiene un rol geopolítico evidente: implica, de hecho, subordinarse a la guerra comercial de Estados Unidos contra China.
Esto es particularmente grave porque China no es un actor marginal para nuestro país: es uno de los principales mercados de Argentina. Introducir tensiones externas en nuestra inserción internacional puede traer consecuencias negativas a mediano plazo, tanto comerciales como diplomáticas. La política exterior no puede convertirse en un instrumento de alineamiento automático con intereses ajenos.
Por otro lado, se ha intentado instalar la idea de beneficios puntuales, como un supuesto acuerdo sobre la carne. Pero ese punto ni siquiera forma parte del texto del entendimiento principal: está por fuera, como un anuncio accesorio. Y aun así, abre una puerta peligrosa: la eventual posibilidad de que ingresen hasta 80.000 toneladas de carne estadounidense si el gobierno decidiera habilitar ese tipo de competencia interna. Eso no es defensa del sector, es exposición y retroceso.
Pero el riesgo es también institucional y regional. El MERCOSUR se sostiene sobre una política comercial común, una Tarifa Externa Común y la coordinación de negociaciones externas. Avanzar unilateralmente con acuerdos bilaterales por fuera de esos mecanismos no solo erosiona la coherencia del bloque: debilita la posición de la Argentina y fractura la integración regional.
En un mundo cada vez más competitivo, la integración regional no es un obstáculo: es una herramienta de soberanía. Fragmentarla en nombre de acuerdos desiguales es retroceder.
Por eso es imprescindible transparencia, control democrático y un análisis jurídico y técnico serio sobre la compatibilidad del acuerdo con los compromisos asumidos en el MERCOSUR. Incluso debe contemplarse una consulta institucional al Tribunal Permanente de Revisión del MERCOSUR, para resguardar la integridad normativa del proceso de integración. Argentina necesita insertarse en el mundo, sí. Pero no a cualquier costo. Mucho menos mediante acuerdos opacos y desequilibrados que ponen en riesgo economías provinciales, condicionan políticas futuras, debilitan al MERCOSUR y colocan al país en disputas geopolíticas ajenas a sus intereses estratégicos.
Gabriel Fuks, parlamentario del MERCOSUR por UNIÓN POR LA PATRIA